Con la complejidad de 'Autorretrato de familia con perro', Álvaro Uribe celebra su galardón

GUADALAJARA, JALISCO

El escritor mexicano Álvaro Uribe resultó el ganador del Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Obra Publicada 2014 gracias a su novela “Autorretrato de familia con perro” (Tusquets Editores, 2014) que, de acuerdo con el jurado —integrado por Pura López Colomé, Mario Bellatin y José de la Colina— es un ejemplo de “dominio lingüístico” y, asimismo, representa “un homenaje a la palabra, al significado plural que en ella duerme y sólo despierta en el estilo, más allá del despliegue de la realidad/irrealidad, imaginación, poderes inventivos, carros alegóricos tradicionales o modernos”.

Respecto del galardón —que le será entregado a Uribe el 28 de abril en el Palacio de Bellas Artes— el escritor señala que “es un gusto infinito, una sorpresa; no hay una fórmula para escribir y ganar premios pero siempre son bienvenidos porque, ante todo, es un reconocimiento de los lectores y, en este caso, uno no siempre sabe lo que piensan los pares —pues es un premio único, de escritores para escritores— del trabajo de uno y quienes eligieron son tres excelentes autores, yo estoy muy agradecido”.

Cuando apareció la novela, el pasado mes de septiembre, Uribe la describió como “una de las más complejas” en su repertorio, lo mismo que “una de las más divertidas y vinculadas con mi experiencia de vida”, aunque siempre adelantando su condición “como ficción”, desde una introducción que la convierte en una historia “que se construye a los ojos del lector”.

En el libro, precisa el escritor, “se juega mucho con la idea de escribir una novela, se destripa y desmenuza ante quien lee; si bien es una historia de amor y odio entre hermanos, se va elaborando a partir de las voces de sus personajes, que todo el tiempo están dando cuenta de qué es la verdad novelística. En la novela no se dice, ella presenta sus armas de alguna manera y ya estará en cada lector la decisión de tragársela o no”.

Para Uribe siempre fue claro “el riesgo de plantear una novela irónica” que busca no convertirse en “previsible”; en sus palabras, “la prosa artística es aquella que es susceptible de leerse dos o más veces, de ahí que no se puede estructurar sino a través de la ironía, donde cabe el humor y se compensa lo escabroso de los temas, jugar es un contrapeso a esa pesadez. Yo me aventuré, porque escribir una novela —por lo menos para mí— es siempre una aventura”.

Dificultad y diversión

Aunque no es el primer juego de polifonía que practica en un libro suyo —baste recordar “Expediente del atentado”—, reconoce Álvaro Uribe que “aquí la idea es que las voces pretenden ser orales”, un proceso que resultó “difícil y divertido”, porque cuidar estas voces que cuentan es “una especie de travestismo literario, porque se asume el reto de no narrar los personajes sino ser ellos, y debí ponerme en los zapatos de varones, mujeres e incluso un perro”.

Por otra parte, la visible carga humorística es parte, dice Uribe, “de un cambio en la persona que escribe; porque los hechos narrados todos desembocan en la muerte y eso se dice desde el principio. Si uno cuenta mal esta historia se convertiría fácilmente en un melodrama y mi objetivo, más bien, fue crear un antídoto contra eso y el mejor contrapeso para la solemnidad es el humor, saber tomar distancia de aquello que puede proceder de lo real”.

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Tramar un esquema

“Autorretrato de familia con perro” se cuenta a través de numerosas voces; a pesar de que existe un personaje principal —Malú, la madre de los gemelos Urquidi—, su “construcción” es permanente a lo largo del libro gracias a las descripciones de sus hijos, sus nietas, su amiga más íntima, su cirujano plástico, su nuera, sus vecinas y, muy importante, su perro (un salchicha llamado Canuto).

Según Álvaro Uribe, “lo primero que tiene que hacer un libro es entretener” y, en ese sentido, fue “relativamente fácil atender a la historia familiar” para de ahí sacar una historia; con todo, aclara, “soy un convencido de que las novelas son 99% trabajo y 1% de inspiración (en caso de que exista). El problema no es tener historias, sino poder escribirlas de modo que despierten interés en el lector”.

De esta forma, apunta el escritor, los protagonistas debían ser “brutalmente honestos” y, por ello, nació la necesidad de “no utilizar una narrativa lineal; la solución fue que cada uno de los que intervienen compareciera para rendir testimonio de su propia impresión, en primera persona, de quien fue Malú (y los hermanos aparecen para ir poniendo en entredicho lo que dicen los otros); así se armó el esquema de la novela”.

Tradición y futuro

Álvaro Uribe no niega que un premio como el Villaurrutia hace a su nombre inscribirse en una lista prestigiosa que tuvo en Juan Rulfo y Octavio Paz a sus primeros ganadores: “Es difícil en el país dar con un gran escritor de la tradición que no lo haya conseguido y, claro, estar en un elenco así no es nada malo, porque coloca un libro junto a otros que han marcado la historia de la literatura mexicana. Es una gran fortuna, porque creo que en los premios hay mucho más de suerte que de merecimientos”.

Para concluir, el autor señala que esta última novela concluye una trilogía que integra, “un poco sin querer”, a las novelas “Por su nombre” (2001) y “Morir más de una vez” (2012), todas ellas conectadas por alusiones “a mi propia vida, a cierto México y cierto París al que siempre regreso”; eso, afirma, “me dejó exhausto, y desde entonces me dediqué a escribir una columna en un suplemento cultural que, sé desde ahora, formará mi siguiente libro”.

 

A: N