El constructor de automóviles japonés Toyota, que había congelado la construcción de fábricas en 2013, anunció el miércoles una inversión equivalente a 1.350 millones de euros para construir una planta en México y una nueva línea de producción en China.

El número uno mundial afirmó que aumentará así su producción anual en 300.000 unidades, y podría construir en torno a 11 millones de vehículos en 2019.

El presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, se felicitó horas después de este anuncio y aseguró que demuestra que el país es un destino "confiable".

"Esta decisión de invertir en México por parte de Toyota no es casual ni es fortuita. Es a partir de un análisis profundo y serio de dónde es un espacio oportuno, óptimo, para empresas globales invertir y expandir su presencia en el mundo entero", expresó el mandatario.

Toyota, cuya última fábrica fue abierta en Tailandia en 2013, instalará esta otra factoría en Guanajuato con una inversión de 1.000 millones de dólares (945 millones de euros), para poder responder mejor al mercado norteamericano que muestra un sólido crecimiento.

Fabricará ahí a partir de 2019 unas 200.000 berlinas Corolla anuales y empleará a unas 2.000 personas.

Por el contrario, su sitio canadiense se concentrará en otros vehículos de mayor nivel.

Toyota reforzará de manera paralela su presencia en China, primer mercado mundial del automóvil, donde instalará una cadena suplementaria antes de fines de 2017 en su sitio de Guangzhu (sur), por un monto de 52.500 millones de yenes (400 millones de euros).

Unos 100.000 vehículos serán construidos cada año, precisa el grupo, que no da más detalles.

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Según informaciones de prensa, estas nuevas capacidades de producción podrían ser dedicadas al modelo Yaris, que puede seducir a las clases medias chinas.

Toyota promete no lanzarse en una carrera desbocada. "Un aumento de la producción no significa que emprendamos una expansión imprudente", declaró su presidente, Akio Toyoda, citado en un comunicado.

El dirigente tomó en 2013 la decisión de hacer una pausa de tres años, tras una serie de reveses, empezando por la crisis financiera, los fallos mecánicos que obligaron a revisar millones de vehículos en Estados Unidos y la catástrofe de Fukushima en Japón.

El gigante nipón aprovechó la pausa para incrementar la tasa de utilización de sus líneas de producción existentes, de 70% en 2009 a más de 90% en la actualidad, y trabajar en la reducción de las inversiones requeridas para iniciar nuevas instalaciones.

Estos dos sitios reducirán los costos en un 40% respecto a los de las fábricas de 2008, precisó Toyota.

Ya bastante rentable, la firma japonesa afirmó recientemente que deseaba reforzar todavía más la "competitividad", por medio de una estrategia de concentración de plataformas y componentes, de la que la fábrica mexicana será el estandarte.

Toyota revelará el 8 de mayo sus resultados anuales, con un probable beneficio neto récord de 2,13 billones de millones de yenes (15.300 millones de euros según la tasa de cambio optada por el grupo) beneficiándose de un yen débil.

La empresa conservó el año pasado su título de primer constructor mundial con 10,23 millones de automóviles vendidos, por delante del alemán Volkswagen, que podría sin embargo destronarla este año.

a.m