Los lazos que anudan una amistad entre Marco Rubio y Jeb Bush podrían estarse debilitando en la medida que se despeja el panorama de quiénes se disputarán la nominación republicana con vista a la carrera presidencial del 2016.

Hasta el momento, el exgobernador de Florida, Jeb Bush, ha tratado de no emitir opiniones o críticas contra quien siempre ha sido su protegido: el senador Marco Rubio.

Sin embargo, los aliados de Jeb Bush, de forma muy calmada pero insistente, han comenzado a difundir información, un tanto negativa, acerca del historial político del cubanoamericano de 43 años, hijo de inmigrantes radicados en Florida procedentes de Cuba.

Los simpatizantes, tanto de Bush como de Marco Rubio, no pueden dejar de comparar las carreras de ambos.

Por una parte, está un joven que comienza a escalar los escenarios políticos de Washington; por otra, Jeb Bush, de 62 años, e integrante de una de más poderosas dinastías políticas de Estados Unidos.

Bush siempre vio a Rubio como la persona que podría proteger su legado político. El gobernador entregó a Rubio una espada de oro que simbolizaba una especie de traspaso político hace casi una década.

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Aún son amigos, según el análisis de la agencia AP, pero una sutil crítica emerge cuando Rubio habla de la necesidad de romper con ideas del pasado siglo. Bush, por su parte, cuestiona si un término en el Senado realmente prepara a alguien para la Casa Blanca.

El respeto de Rubio por Bush está bien documentado en sus escritos y en los años de actividad política en que el senador de 43 años descansaba en el apoyo que Bush le ofrecía, las redes de contribuyentes políticos que ponía a su disposición, incluso en miembros del equipo de Bush que ayudaron a Rubio en su ascenso político.

Hay que ver qué pasa en las primarias si Jeb Bush entra en la contienda. Bush tiene el peso de un apellido, de una familia con grandes poderes políticos, pero también errores, como diría Maureen Dowd, columnista de The New York Times.

A: P