México, 23 abr (EFE).- La veta de ilusionista de Gabriel García Márquez (1927-2014) a la hora de usar las palabras fue el tema maestro hoy en la celebración del Día Internacional del Libro en México, donde varios escritores homenajearon al escritor colombiano.

"Lo lees con esa sometida y absoluta credulidad y le dices 'Lo que me cuentes te lo voy a creer, estoy postrado abre ti y si me dices que el cielo es verde, te lo voy a creer'", aseguró el novelista Xavier Velasco al referirse al ganador del Premio Nobel de Literatura 1982.

En el escenario de un teatro adornado con flores amarillas, centenares de lectores, la mayoría jóvenes, hicieron una cofradía para escuchar las anécdotas de Velasco y de sus colegas Élmer Mendoza, Benito Taibo y Rosa Beltrán durante poco más de 90 minutos, después de los cuales regalaron libros de "Gabo".

Mendoza, dramaturgo y cuentista, aseguró que cuando leyó "Cien años de soledad" sintió una gran cercanía con los hechos de su infancia al lado de sus abuelos y hasta juró tener en su pueblo en el estado de Sinaloa a un Melquíades, como el gitano de la obra cumbre del colombiano.

"Allá tuvimos nuestro propio Melquíades, un señor que estuvo en Estados Unidos, guardaba piezas, y con ellas hizo un tractor", dijo.

Aunque el homenaje, en el sur de la Ciudad de México, se celebró seis días después del primer aniversario del fallecimiento del escritor, ni sus colegas ni la gente del público mostraron nostalgia y sí experimentaron alegría y sufrieron ataques de risa con historias íntimas del autor de "El otoño del patriarca" y "El amor en los tiempos del cólera".

Taibo contó su primer contacto con el colombiano, a los 17 años, cuando leyó "Cien años de soledad" y, después de terminar, con sus amigos hizo una ceremonia para enterrar el libro en un piso de tierra de un parque para que naciera un árbol.

"Unos 20 años después fuimos al lugar y en vez de un árbol había allí unos baños sanitarios; se lo conté a Gabo y me aseguró que eso pasó porque habíamos sembrado el libro al revés", narró.

La novelista y académica Rosa Beltrán exaltó el orgullo que siempre tuvo García Márquez por su oficio de periodista y se refirió a la ocasión en que fue enviado a entrevistar al Papa Pío XII. En el momento de la plática el pontífice perdió un botón de la sotana y los dos se lanzaron al piso a recuperarlo.

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"De pronto se toparon frente a frente en el piso y luego el Gabo decía: Dudo mucho que alguien haya tenido una relación tan íntima con un Papa", refirió Beltrán.

Los autores destrozaron la idea de que la capacidad de prestidigitador del escritor estaba relacionada con un talento excepcional, y sacaron a la luz historias para apoyar la teoría de que se trataba de un trabajador con la perseverancia de las hormigas antes de llegar el invierno.

"Esa capacidad inmensa de trabajo que tiene lo hace sentarse todos los días a las siete de la mañana en su estudio hasta las dos de la tarde, día por día", comentó Taibo, quien insistió en hablar en tiempo presente al referirse al Nobel.

Taibo confesó que si los jóvenes le piden un consejo para escribir, él sugiere aplicar la técnica de García Márquez y cuando los novatos esperan la revelación de un secreto, les comenta que la clave es un 10 por ciento de musa, inspiración o como se llame, y 90 por ciento de trabajo.

A sugerencia de un lector, los autores recordaron dónde estaban cuando recibieron la noticia del fallecimiento del narrador. Rosa Beltrán contó cómo llamó a su padre biológico para decirle que se había quedado huérfana, pero pronto negó la sensación de ausencia porque siguió junto al Gabo en sus libros.

"En vez de morir, él tuvo una resurrección porque para mantenerlo aquí, lo hemos vuelto a leer", concluyó la novelista. EFE

A: P