El incidente, ocurrido el pasado 18 de abril, muestra a Maduro conduciendo un autobús a la salida del lugar y recibiendo el impacto de un mango lanzado desde un grupo que rodea el vehículo. Un poco sorprendido, el presidente venezolano toma la fruta en la mano y la muestra, con rostro severo, a la gente en la calle que se abalanzaba hacia él.

Las imágenes, que parecían ilustrar una agresión, eran en realidad engañosas. El “mangazo” escondía una historia muy original.

La fruta tropical fue lanzada en realidad por una simpatizante chavista, Marleni Olivo, de 54 años, y contenía el siguiente mensaje, escrito con un plumón negro: “Si puede me llama”, y a continuación su número telefónico.

“Teníamos rato esperando [al presidente], yo vi una casa que tenía mangos y le dije al señor que me regalara uno porque tenía hambre”, explicó Olivo en el programa Pitazo TV. Cuando vio acercarse a Maduro le pidió un marcador o plumón al vecino y rápidamente escribió sus datos en la fruta porque no tenía papel.

Inicialmente su original idea para comunicarse con Maduro fue malinterpretada por otros adeptos al chavismo. Un familiar de Olivo denunció que la mujer recibió llamadas amenazantes por lo que se le subió la presión y debió ir al médico. “Todo por un manguito”, lamentó una mujer que se identificó como su hermana y contó a El Pitazo TV por teléfono que desde la noche del miércoles no cesaban las llamadas con mensajes hostiles.

También te puede interesar este artículo: Evo afirma que hay "profundo sentimiento" del mundo que apoya la causa marítima

Afortunadamente para Olivo, ese mismo día Maduro compareció en la televisión nacional y explicó el incidente, y también cuál era el motivo por el que Olivo quería comunicarse con él.

“Tenía un problema de vivienda…Y Marleni, ya aprobé, en el marco de la gran misión ‘Vivienda Venezuela’, ya tienes tu apartamento y te lo van a entregar en las próxima horas, de mañana o pasado mañana no pasa entregarte tu apartamento”, dijo Maduro entre aplausos al anunciar su decisión de corte claramente populista. “Y este mango me lo como hoy en la noche”.

Olivo vive actualmente en la casa de su madre con dos hijos, un sobrino y una nieta. “Mi sueño es tener mi casa antes de morirme, porque Dios me ha dado dos oportunidades y quiero tener mi casa”, relató, y agregó que en diciembre había estado muy enferma pues padece de diabetes e hipertensión.

A: P