La electricidad es la base de nuestro día a día. Gracias a ella nos levantamos con el despertador, comemos tostadas o calentamos café, trabajamos, nos calentamos o, entre otras miles de actividades, nos comunicamos rodeados de pantallas. Nuestro ritmo de vida actual, y con ello las ventajas e inconvenientes que conlleva, no se entendería sin la corriente alterna. Esta electricidad, sin embargo, cambia de forma peligrosa nuestro biorritmo.

Una investigación dirigida por un grupo de científicos de la Universidad de Connecticut y publicada en la Philosophical Transactions de la Royal Society B, alerta que la exposición a la luz artificial provoca interrupciones en los ritmos circadianos. Esos ritmos circadianos son las oscilaciones de las variables biológicas en intervalos regulares de tiempo (entre 20 y 28 horas) que se sincronizan a los ritmos ambientales como la luz o la temperatura. Es decir, el reloj biológico humano que regula las funciones fisiológicas del organismo para que sigan un ciclo regular que se repite cada 24 horas, y que coincide con los estados de sueño y vigilia.

Estos ciclos están estrechamente ligados a los estímulos de luz, que el cerebro asocia con una mayor actividad fisiológica mientras que, en la oscuridad, se inhiben estas funciones, llegando al mínimo entre las 3.00 y las 6.00 horas.

Estas disrupciones circadianas, provocadas, entre otros, por estímulos lumínicos como las pantallas de ordenadores, smartphones o tablets, han sido vinculado a una serie de problemas de salud, desde el cáncer a la diabetes, la obesidad y la depresión.

"Todo cambió con la electricidad. Ahora podemos tener luz brillante en el medio de la noche. Y eso cambia nuestra fisiología circadiana casi de inmediato", dice Richard Stevens, epidemiólogo en la Universidad de Connecticut. "Lo que no sabemos, y lo que muchas personas están interesadas en saber, son los efectos crónicos de tener esa luz".

Crece el uso de dispositivos antes de ir a dormir
Stevens, principal investigador del estudio, ya alertó en 1996 del riesgo, en ese momento "escaso pero potencialmente peligroso". En 2015, sin embargo, la evidencia científica es ya alarmante y peligrosa. Desde entonces, la luz en plena noche se ha vuelto aún más omnipresente.

Se estima que el 95% de los estadounidenses utilizan regularmente pantallas poco antes de ir a dormir, y las bombillas incandescentes se han reemplazado en su mayoría por LEDs y luces fluorescentes compactas, que emiten luz en longitudes de onda potencialmente más problemáticas.

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El estudio alerta de que una exposición a luz durante la noche está relacionado con mayores tasas de cáncer de mama, depresión u obesidad. La correlación no es causalidad, por supuesto, ya que existen muchas otras variables científicamente relacionadas como causantes de dichas enfermedades. La fácil disponibilidad de alumbrado eléctrico debe tenerse en cuenta junto a otros factores como la mala alimentación, el sedentarismo o la exposición a una gran variedad a productos químicos que nos rodean en nuestro día a día.

Móviles, ordenadores y tablets: Luz de día en plena noche
La biología, sin embargo, aporta algunos datos que permiten establecer correlaciones entre la exposición a la luz y algunos trastornos. El ritmo circadiano sincroniza funciones fisiológicas -la temperatura corporal durante la digestión, la reparación celular y la actividad en el sistema inmunológico- con un ciclo de 24 horas de luz y oscuridad.

Los científicos descubrieron en la última década lo que desencadena la actividad circadiana en mamíferos: células especializadas en la retina, la parte sensible a la luz que señala la presencia o ausencia de luz. La actividad en estas células provoca una reacción que calibra los relojes en cada célula y el tejido en un cuerpo. Estas células son especialmente sensibles a las longitudes de onda azules -como los de un cielo diurno.

El problema es que las pantallas de LCD, las de los smartphones y tablets, los ordenadores, las luces LED y algunas bombillas fluorescentes generan el mismo espectro de luz. Debido a ese efecto, una breve exposición a este tipo de luz puede engañar a nuestro cuerpo en plena noche para que el sistema se comporte como si fuera de día.

Todos los avances conllevan riesgos, pero también deben ir acompañados de la responsabilidad de aquellos que los usan. Cuando los usuarios somos todos y en un uso responsable de la tecnología está nuestra salud, dejar de lado antes de ir a dormir el entorno de hipercomunicación que nos rodea es la opción más saludable para cuerpo y mente. Puede que así recuperemos hábitos olvidados y sustituidos por pantallas.