TESALÓNICA, Grecia (AP) — Emigrantes de África, Asia y el Medio Oriente toman muchas rutas para entrar ilegalmente en la Unión Europea, todas llenas de decepciones y peligros ocasionales. La más nueva, por los Balcanes, puerta trasera de acceso al bloque, incluye un tramo atroz: una épica travesía de 250 kilómetros (150 millas) que está ganando popularidad a pesar de que la mayoría de los que lo ensayan fracasan en su intento.

Este mes, Associated Press viajó durante 10 días y noches con un grupo de 45 inmigrantes subsaharianos que intentaban llegar a Alemania y Francia a través de Hungría, el destino final de quienes toman la ruta de los Balcanes occidentales. Muchos de los caminantes llevan años de fallidos intentos por llegar al centro de Europa por otras rutas marítimas y aéreas, y pronto descubren que la nueva senda tiene sus propios obstáculos.

A continuación la historia de los emigrantes desde que se reunieron el 27 de febrero en la ciudad de Tesalónica, en el norte de Grecia, y los diez días de agonía que siguieron, en una empresa que, salvo para unos pocos, terminó mal.

CASA SEGURA

Los 32 hombres y 11 mujeres apiñados en un apartamento subterráneo de dos habituaciones dejaron África Occidental para buscar una vida mejor en Europa. Les ha tomado meses, a algunos incluso años, llegar a este momento de esperanza. Dos de las mujeres llevaban con ellas a sus bebés de 10 meses nacidos durante el viaje; el niño nació en Grecia, la niña en Turquía.

La mayoría llegaron a través de Turquía y, tras pagar a contrabandistas unos 1.000 euros (1.100 dólares) cada uno, navegaron hasta las islas griegas más cercanas para pedir asilo en suelo de la Unión Europea. Pero ninguno de ellos quiere quedarse en Grecia, con su interminable crisis económica y sus altas tasas de desempleo.

Escapar significa dirigirse al norte, hacia Hungría, a través de la antigua Yugoslavia. Un tramo clave del recorrido, por Macedonia, debe ser hecho a pie por las duras sanciones que se imponen a los traficantes.

El líder de la expedición, un ex soldado que se encargó de guiar a los emigrantes y proporcionó a la AP acceso al grupo a cambio de anonimato, dice rigurosamente a sus clientes que se preparen para un desafío que requiere de carpas, sacos de dormir, ropa para el frío, buenos zapatos y muchos calcetines. Promete dejarlos en la frontera serbia en 10 días a cambio de una media de 500 dólares por cabeza. Unos cuantos salen a comprar suministros de última hora. Todos duermen en el suelo.

HACIA LA FRONTERA

Pasa medio día hasta que todo el grupo aborda autobuses en la estación central de Tesalónica, que está llena de grupos rivales de emigrantes asiáticos y árabes, y de una gran cantidad de policías que revisan documentos. Dos de los 45 africanos no superan el primer obstáculo, pues fueron pillados sin documentos que digan que buscan asilo.

El resto inicia una caminata de una hora en la localidad de Polikastro, en la frontera norte del país. Siguen una vía de tren en funcionamiento, cruzan un desvencijado puente de madera y continúan una marcha de diez horas por un bosque, alcanzando la frontera con Macedonia poco antes de la medianoche. Se consideró que era demasiado tarde para cruzar. El clima era fresco pero tolerable y durmieron aire libre.

La noche siguiente — la mayor parte de la ruta se hará después del anochecer para reducir el riesgo de ser detectados, arrestados y deportados a Grecia — cruzan la frontera bajo un puesto de observación de la policía en una colina. Tras correr en pequeños grupos para cruzar una importante autovía, instalan sus 10 carpas en Macedonia en medio de un gran optimismo.

CAMINO A LA PERDICIÓN

Comienzan disputas internas cuando uno de los individuos que ayudaba al líder del grupo pierde su teléfono y pide que todo el mundo sea registrado. El grupo atraviesa la cresta de una montaña, un cruce de carreteras, campos de repollos y arroyos durante una caminata de 40 kilómetros que termina a las cuatro de la mañana. bajo un puente de una autopista. Una mujer maliense de 34 años con dolores en las piernas obliga al grupo a pararse. Los hombres cargan con ella durante media hora, después le dicen que debe andar o la dejarán atrás.

La mañana siguiente, las sospechas de robo entre los migrantes generan insultos y griteríos. El traficante les advierte que se regresarán a Atenas si no hacen las paces. Lo hacen. El clima se vuelve cada vez más duro y la lluvia se convierte en nieve. No hay forma de consolar a los dos bebés de 10 meses en la fría noche y, mientras el grupo acumula dos días de retraso según el calendario previsto, el hambre roe la moral.

El grupo pasa a tener 42 personas porque un marfileño de 41 años que necesita un bastón para caminar no puede seguir el ritmo y se queda en un pueblo, resignado a ser enviado de vuelta a Grecia.

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En la sexta noche de travesía, el grupo alcanza por fin la localidad de Nogotino. Les queda menos de la mitad del trayecto para llegar a la frontera serbia. La moral toca su punto más bajo, con muchos cuestionándose por qué iniciaron ese viaje. Algunos culpan a las mujeres y a los niños por demorar el paso.

Dos días después, las nevadas son más intensas y algunas carpas se rompen. Emigrantes afganos y sirios llegaron antes que los africanos a unos edificios abandonados en los que buscan refugio y los grupos no se mezclan por temor a sufrir robos.


VÍCTIMAS Y CAOS

El noveno día, la camerunesa madre del niño de 10 meses dice que no puede continuar y es abandonada de noche en una iglesia ortodoxa. Los otros 40 avanzan siguiendo el río Vardar en dirección norte hasta la primera ciudad grande del recorrido, Veles. El traficante dice que deben esperan hasta que se haga más tarde y permanecer cerca de las vías del tren.

Pero tras 145 kilómetros (87 millas) a pie, su suerte de acaba. Jóvenes avistan a los africanos y les gritan insultos. Dos policías aparecen en el lugar y, una vez ven el gran grupo de migrantes, emplean sus garrotes contra los rezagados. Cinco son arrestados, incluyendo la madre de la otra bebé de 10 meses. En medio de la confusión, un inmigrante se lleva a la pequeña. Otra mujer se rompe el tobillo mientras huye y es hospitalizada.

Al día siguiente, el contrabandista dice que, con excepción de 13 que escaparon, el resto del grupo está bajo custodia en Macedonia y serán devueltos, junto a otros asiáticos y árabes, a Grecia en camiones.


VOLVER A INTENTARLO

Tan pronto como son devueltos a la frontera y se les ordena caminar de vuelta a Grecia, muchos emigrantes árabes y asiáticos dan la vuelta y se pierden en un bosque, decididos a probar fortuna de nuevo. Su actitud inflexible ilustra su máxima en este viaje: Cada vez que caen a la parte baja del mapa, vuelven a subir.

Los desmoralizados africanos regresan a la casa-refugio desde donde iniciaron el trayecto en Tesalónica para reagruparse. Unos pocos, incluyendo la madre del niño de 10 meses, abandonan y regresan a Atenas.

Diez días después de la debacle de Veles, el contrabandista vuelve a iniciar un viaje con 33 clientes, incluyendo la madre de la bebé. La pequeña está esperando en la frontera serbia: era una de los 13 que evitaron ser pillados en Veles y quienes habían llegado a una casa-refugio de la frontera. Ya sin niños, la segunda misión avanza más rápido... hasta que la policía les arresta a todos al sur de Veles.

El guía inició esta semana el tercer intento con al menos 20 veteranos de los dos primeros fracasos. La madre que fue separada de su hija está en el grupo. Es la tercera vez, en tres semanas, que intenta reunirse con su marido, su madre y otros familiares en París.

Mientras comienza el recorrido, un puñado de emigrantes que se escaparon de la policía en Veles envía mensajes triunfales a sus amigos: pagaron otros 100 euros (110 dólares) por cabeza para cruzar Serbia y están en Hungría, puerta de entrada para los viajes sin fronteras por la Unión Europea.

Dadas las veces que lo han intentado, apunta el contrabandista, todos deberían conseguirlo.

A: P