En los últimos meses circulaba en ámbitos científicos un rumor, que decía que un equipo de investigación chino estaba realizando experimentos para modificar genéticamente embriones humanos. Finalmente, con la publicación de un artículo, el rumor se ha confirmado y ha despertado bastante polémica.

Pero empecemos por la parte científica, el experimento en sí. Lo que querían comprobar los investigadores era si una técnica que ya se conocía podía curar una enfermedad genética grave, la β-talasemia. Se trata de una enfermedad de la sangre, sin cura actualmente.

Es decir, el objetivo era loable, y científicamente válido. El problema está en que decidieron intentarlo en embriones humanos. Aunque con un matiz importante: se trataba de embriones no viables, descartados en tratamientos de fertilidad.

En concreto, tenían una dotación cromosómica extra. En lugar de entrar un único espermatozoide, el óvulo había sido fecundado por dos simultáneamente, y en estos casos el individuo no es viable y nunca se desarrolla.

Así que no debería haber problema ético. Menos aún si se considera que el experimento ha quedado muy lejos de poder considerarse un éxito. 86 embriones no viables fueron sometidos a la técnica, de los que únicamente 28 presentaron la modificación donde se esperaba.

Pero aún así, la cuestión no está ni mucho menos resuelta. A pesar de que los embriones no eran viables – y la explicación científica de que eran mejor modelo que células de adulto o embriones de animales podría llegar a ser válida – o de que la técnica ha demostrado no funcionar – lo que hace que haya que replantearla, y por tanto volver al trabajo sobre líneas celulares – el debate se ha desatado.

Principalmente, porque el equipo de investigación ha decidido contravenir los acuerdos que existían. A nivel internacional existe un "pacto" de no investigar en embriones humanos. Al menos de momento, hasta que no se resuelvan varios problemas de carácter técnico.

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Y ético. Porque lo que muchos científicos están criticando sobre este experimento es la peligrosa pendiente resbaladiza que supone. Éste es el nombre – slippery slope en inglés – que se le da a la idea de que, una vez aprobado un método científico, éste será aplicable a otros supuestos.

Es decir, que si se aprueba el modificar los genes causantes de una enfermedad, antes o después se llegará a crear individuos a la carta. Puede parecer un tanto alarmista, pero el argumento que se da se basa en experiencias pasadas.

Y no sólo eso. En el experimento, apenas un 32% de los embriones presentaron la modificación que debían tener. Hasta que el porcentaje no esté tan cerca del 100% como sea razonablemente posible – esto es, por encima del 99,9% - no se pretende usarlo. Pero no fue la única modificación que apareció.

En algunos de los embriones se comprobó que otros genes se habían visto afectados por la técnica. Y las consecuencias de este hecho no se conoce con exactitud. Por eso, muchos investigadores defienden emplear el conocido como Principio de Precaución: si no se conocen con exactitud las consecuencias científicas de un acto o tecnología, pero pueden ser muy graves, no se debe poner en marcha la experiencia hasta tener cómo paliarla.

En definitiva, un debate muy interesante.

a.m