Estados Unidos es una nación de desmesuras. Inmensa riqueza, enormes oportunidades y recursos, por un lado, y pobreza, desesperanza y malestar por el otro. Es una nación fundada en el individualismo orgulloso, en la libertad irrestricta y en el espíritu del emprendedor exitoso, estirado al máximo incluso hasta la noción de la predestinación.

Pero esas peculiaridades, que son fuente de muchas de sus fortalezas y virtudes, también engendran varias de sus lacras pues no existe un aparato de bienestar social que atempere, como en Europa, las espinas del capitalismo. Y quienes menos tienen son vistos con frecuencia desde las esferas del poder político y económico no como víctimas de un sistema inequitativo a los que hay que atender sino como perdedores que no estuvieron a la altura, que se han conformado con chupar los magros beneficios de las ayudas públicas, que son prescindibles.

Pero en realidad, nada de eso es del todo cierto o exacto ni hacia arriba ni hacia abajo.

Mientras Apple puede presumir que su vicepresidenta de ventas al por menor y en línea, Angela Ahrendts, es la alta ejecutiva mejor pagada del país (ganó 82.6 millones de dólares en 2014 y sus ingresos en 2015 con Apple ascenderían a 105.5 millones de dólares, de acuerdo con Bloomberg), miles de trabajadores de restaurantes de comida rápida y otras labores de servicio se lanzan a las calles de numerosas ciudades del país en demanda de ganar $15 la hora. Esos ansiados, y aún no alcanzados $15 por hora son una cantidad que Ahrendts gana en poco más de un segundo, considerando una jornada para ambos empleos de 8 horas de trabajo pagadas de lunes a viernes.

Ciertamente cabe aplaudir el logro salarial de Ahrendts, sin duda un notable y envidiable triunfo, pero es deplorable que cientos de miles de familias en EEUU subsistan con salarios que no les permiten salir de la pobreza, así se encuentren en el país de las oportunidades y del sueño americano.

Es de señalar que ni Ahrendts es la más rica de la nación ni quien gana el ínfimo salario mínimo federal de $7.25 la hora tiene posibilidad de dejar de ser pobre.

Los potentados que encabezan la lista de multimillonarios de la revista Forbes como Bill Gates (79,200 millones de dólares), Warren Buffett (72,700 millones de dólares), Larry Ellison (54,300 millones de dólares) o los hermanos Charles y David Koch (42,900 millones de dólares cada uno) tienen a su disposición ingentes sumas, que usan para fines tan diversos como las campañas filantrópicas de Gates o las donaciones a campañas políticas conservadoras de los Koch.

En cambio, un salario de $7.25 la hora no permite a quien trabaja 8 horas al día de lunes a viernes salir de la pobreza y, según el Centro Nacional para la Ley y la Justicia Económica 20.4 millones de personas viven en pobreza extrema en EEUU al no poder obtener ni siquiera la mitad del monto del nivel federal de pobreza, unos 24,250 dólares para una familia de cuatro personas, de acuerdo al Departamento de Salud y Servicios Humanos. Cualquiera de los millonarios de la lista de Forbes pueden manejar en un parpadeo más de lo que cualquiera de esas 20.4 millones de personas han visto o podrán ver en toda su vida.

Y no se habla de países del tercer mundo, sino de Estados Unidos, que tiene dentro de sí un universo de extraordinaria riqueza y abundancia y otro de miseria y desesperanza.

También te puede interesar este artículo: El Gobierno eleva a 51 las víctimas españolas en el accidente de avión de los Alpes

El punto principal es cómo comenzar a revertir esa gran desigualdad económica y social, cómo lograr que el éxito y el talento sean recompensados todo lo posible, en el mejor espíritu de la libertad estadounidense, y al mismo tiempo se logren corregir los abismos que, a la larga, podrían corroer todo el edificio de la nación. Basta recordar que Baltimore, por poner un ejemplo reciente, estalló en disturbios sociales en buena medida porque muchos de sus barrios están sumidos en condiciones de gran pobreza.

Una solución parcial puede partir de arriba. El propio Buffet dice que no tiene nada en contra de elevar el salario mínimo pero que no cree que esto pueda hacerse sin distorsionar la economía y sin desatar pérdida de empleos, de acuerdo a The Atlantic. En cambio, promueve una ampliación del beneficio Earned Income Tax Credit (EITC), que a través de créditos fiscales incrementaría las ganancias de los trabajadores de menores ingresos mediante reembolsos de impuestos más grandes.

Por otro lado, políticos del Partido Demócrata han comenzado a promover la idea de subir el salario mínimo hasta $12 la hora, con miras a la campaña presidencial de 2016, como relata el portal The Hill. De ese modo, sería el voto popular, al apoyar a los demócratas y su propuesta en el tema de los salarios, los que impulsarían otra forma de solución parcial desde la base, en el supuesto de que esa posición obtuviese apoyo electoral mayoritario. Pero esa suma, e incluso los $15 la hora o un EITC mayor, solo compensarían parcialmente la desigualdad en el país.

Pero por algo hay que empezar y urge hacerlo. La dimensión del problema la da el reporte de The Equality of Opportunity Project, que muestra cómo los niños que viven en condiciones de pobreza en barrios depauperados tienden a permanecer en la pobreza en un ominoso círculo vicioso. Y no es casualidad que Baltimore sea, entre los 100 condados más grandes del país, el más desesperanzado.

En Baltimore, un niño hoy en condición de pobreza recibirá un ingreso 17% menor que lo que recibe en promedio un menor en situación de pobreza a escala nacional cuando cumpla 26 años. En cambio, un menor pobre en el Condado Dupage, en Illinois, el mejor de los 100 analizados, obtendrá 15.1% más a los 26 años que el promedio y, por ende, tiene mejores perspectivas de movilidad social y de salir de la pobreza.

El imperativo de comenzar a atacar las causas estructurales de la pobreza, que están desde luego relacionadas con un salario digno, pero también con el acceso a opciones de educación, salud, vivienda y recreación de calidad, es claro. Falta, desde luego, comenzar a andar en serio por ese nuevo camino.

a.m