Fallos en la vacunación

•    Dos bebés mueren y 29 son hospitalizados, cuatro muy graves, por una mala vacunación

•    En la zona, un pueblo de Chiapas (México), la pobreza es extrema

El pasado 8 de mayo el sobrepasado médico Roberto Calvo León vacunó a 52 niños en uno de esos lugares del planeta en los que los bebés carecen de nombres oficiales hasta meses, a veces años, después de haber nacido. Una rutina oficial, la del registro, que carece de sentido allí donde los nombres se borran a soplidos de hambre o enfermedades en los primeros meses de vida. Se les coloca en un ataúd y se les llora con celeridad y resignación para no olvidar que mañana los vivos tienen que seguir luchando para no acabar también con varias paladas de arena encima. Una realidad demasiado extensa en el planeta donde la simple y evitable rutina se sega muchas más vidas que los grandes tragedias que tanto sobresaltan al primer mundo y que provocan una avalancha de solidaridad en las redes sociales.

En este caso, la vacunación del doctor León dejó dos bebés muertos y 29 hospitalizados de los que cuatro siguen muy graves. ¿Qué pasó en la localidad de la Pimienta? Pasó una desgracia que el propio Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) no ha sabido aún explicar. "El Instituto inició una causa para identificar la causa de dichos acontecimientos", han dicho en nota pública. Los acontecimientos parece que explican ya lo ocurrido sin necesidad de muchas investigaciones: fallecieron de desgana, de indiferencia y de desinterés acumulado durante años.

En la localidad de la Pimienta, una de las 124 comunidades que componen el municipio de Simojovel, un lugar de pobreza extrema, el pasado 8 de mayo el doctor Calvo pidió a las mujeres que trajeran a sus niños recién nacidos para que fueran vacunados. Lo hizo en una especie de dispensario muy humilde hecho de cemento y techo de zinc entre las 12 y las 14 horas. Allí se presentaron 52 bebés a los que se vacunó de tuberculosis, rotavirus y hepatitis B. "A las 18 horas los padres y madres comenzaron a observar que sus hijos tenían reacciones negativas. Lloraban, se desmayaban, se ponían morados y sufrían diarreas", narra el párroco de Simojovel, Marcelo, a El Mundo.

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Entonces comenzó un peregrinar por las clínicas de la zona. "Primero vinieron a Simojovel, donde hay un rácano centro de salud sin médicos ni enfermeras ni medicinas. En ocasiones un solo doctor atiende a la vez cinco partos y al resto de enfermos allí tratados. No hay medicamentos y sus ambulancias son inservibles porque o no funcionan o no hay dinero para la gasolina", cuenta el sacerdote de una ciudad cabecera de más de 40.000 habitantes.

Ante la imposibilidad de tratar allí a los bebés, los padres se organizaron y con coches privados al ser inservibles los vehículos de emergencias se trasladaron a otra localidad, Bochil, a la que llegaron a las dos de la madrugada, ya más de 12 horas después de ser vacunados y ocho después de los primeros síntomas en sus hijos. En Bochil tampoco pudieron hacer nada por atender a los recién nacidos y tuvieron que ser trasladados de nuevo a la capital de Chiapas, Tuxtla, donde fueron finalmente ingresados en un hospital a las seis de la madrugada, 12 horas después de que comenzara todo.

Dos de los 31 bebés afectados habían muerto ya en Simojovel y cuatro permanecen en estado crítico. "Uno, rezamos para que no suceda, parece que morirá", explica el padre Marcelo. Ahora la investigación oficial prepara un informe que certificará que las vacunas estaban en mal estado, que hubo algunos errores y que se van a revisar todos los procedimientos. Pero la realidad de la causa de las muertes de esa empobrecida zona, donde las tierras se trabajan en Ejidos comunales y la corrupción y pobreza es extrema, es fácilmente identificable: desidia, olvido por parte de las autoridades. En esta ocasión se les enfermaron en grupo y murieron varios llamando la atención de los medios, pero si nada cambia pronto se volverá a esa rutina que va dejando muertos evitables cada día, de uno en uno, en silencio.

 


A: N