Hoy es un buen día para recordar que afortunadamente no estamos solos en este mundo, aunque a veces lo sintamos así.

Hoy es el día internacional de las familias, de todas las familias. De las que deciden tener un solo hijo, de las que tienen siete, de las que no tienen ninguno. Tambien de las personas que consideran a su gato y su perro como miembros de su familia, de los que viven solos pero no por vivir sin compañía humana salieron de un peral, de los que crían a niños que no son hijos suyos, de los que crearon su familia con lazos de amistad y no de sangre, de aquellos que tienen a la familia a miles de kilómetros y de los que viven a la vuelta de la esquina.

Y he obviado el género y la orientación sexual en ese primer párrafo porque es irrelevante. O debería serlo.

No dejemos que el Día Internacional de la Familia acabe siendo el día en el que reivindicar a ese modelo tradicional de los anuncios de cereales. No hay que ser como los Brady, con golden retriever incluido, para sentir este día que nadie es una isla, que todos formamos parte de un grupo de personas a las que queremos, con las que compartimos alegrías y disgustos y por las que haríamos renuncias.

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Da igual como sea ese grupo. No hay ninguno mejor que otro por la manera en la que esté formado.

A: p