"¿Te molesta si la toco?". Richard Norris lo permite y Rebekah Aversano lo hace. Es la primera reacción que le brota a la mujer. Quiere "ver, tocar y sentir" el rostro que alguna vez perteneció a su hermano, muerto en 2012 y que permitió a Norris tener una cara nueva mediante un milagroso trasplante que demandó el trabajo de 150 médicos.

Joshua Aversano murió cuando fue embestido por una camioneta. Y su familia decidió efectuar un último acto de amor: donar su rostro y sus órganos. Su cara serviría a Norris para recuperar parte de sus expresiones luego de que en 1997 sufriera un disparo que le desfiguró su cara.

El reencuentro fue celebrado gracias al programa 60 Minutes Australia que será emitido en su totalidad este domingo. Un avance fue subido al sitio oficial del programa. Las pocas palabras que pueden escucharse de boca de Rebekah son emotivas: "Esta es la cara con la que crecí", le responde a Norris sin apartar un segundo sus ojos del hombre que ahora "vive" gracias a Joshua.

La madre de Rebekah y Joshua habló con CTV News de Canadá. "Podemos definitivamente ver el rostro de mi hijo en él. Algunas de las imágenes faciales podrían ser de nuestro hijo, así que podemos ver similitudes, demasiadas", se emocionó Gwen Aversano a esa cadena de noticias. "Estamos tan contentos de haber podido ayudarlo (a Norris), aún cuando hemos pasado una pérdida trágica, quisimos darle a alguien el beneficio de nuestro hijo", agregó la mujer.

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Norris se muestra muy agradecido con la familia Aversano. Mantiene conversaciones telefónicas de manera regular y no deja de mantenerlos al tanto de cómo va su vida, sus avances y luchas continuas.

El hombre, hoy de 39 años, sufrió un disparo directo a su cara que casi le cuesta la vida. Quedó desfigurado y fue sometido a decenas de operaciones hasta encontrar esta oportunidad en 2012. La operación demandó el trabajo de 150 médicos y duró 36 horas.

A: P