Las trampas existen en todos los ámbitos, y el mundo de la tecnología no es extraño a ellas. En el mundo de los benchmarks en los que se trata de poner números a la potencia empresas tanto en el ámbito de la informática de escritorio como en dispositivos móviles han sido noticia por tratar de salir destacados en ciertas pruebas.

Esa forma de actuar puede ser discutible moral o éticamente, y en estos días ha surgido una nueva polémica en torno a este tema: el reciente juego Project Cars funciona de forma excepcional en gráficas dedicadas de NVIDIA, pero su comportamiento en modelos de su competidor, AMD, es mucho peor. El análisis del problema ha revelado cómo ese desarrollo favorece de forma clara la tecnología de NVIDIA y hace que esa ventaja competitiva sea según muchos injusta e incluso ilegal. Las empresas luchan por mantener precisamente esas ventajas competitivas en sus soluciones propietarias, pero ¿dónde está la línea cuando los afectados son los usuarios finales?

El juego sucio sigue funcionando en el mundo de la tecnología

Forzar a los usuarios a utilizar cierta tecnología para poder disfrutar de todas las ventajas de un ecosistema u otro es una realidad constante en este y otros segmentos. Durante años vivimos bajo el yugo de un Internet Explorer que Microsoft nos colaba como quien no quiere la cosa por la puerta de atrás sin que pudiéramos (o supiésemos que podíamos) rechistar, y Apple es el paradigma del famoso "son lentejas, as comes o las dejas". Por muy bien que funcionen uno u otro ecosistema, el objetivo de las grandes es casi siempre hacer que uno se quede en sus particulares jardines amurallados, sean lo bonitos y floridos que sean.

Afortunadamente esa obsesión por encerrarnos en dichos jardines se compensa en cierta forma con el hecho de que al menos podemos elegir entre varios, y en ciertos casos, pasar de unos a otros con relativa facilidad. Microsoft está actuando de forma sorprendente en los últimos tiempos y ha pasado de esa cerrazón legendaria de ni conmigo ni sin mi a una actitud mucho más abierta que parece abrir cada vez más los brazos a otras plataformas. Office para iOS y Android y las últimas adquisiciones y acuerdos que refuerzan su posicionamiento en el ámbito global (Mojang, Acompli,Sunrise, 6Wunderkinder) revelan esa ambición que les lleva fuera de su propio ecosistema.

En Apple también tenemos un gran ejemplo en iTunes e incluso en BootCamp. La empresa de Cupertino tuvo que claudicar ante el hecho de que el PC era absoluto dominador, y esa "rendición" le salió muy bien, porque vendieron iPods como churros y eso allanó el camino para luego poder vender también iPads e iPhones que uno podía conectar a equipos basados en Windows. En BootCamp la situación no es tan clara, pero puede que el argumento fuera el de guiñarles un ojo a los usuarios tradicionales de PC -"probad con los dos sistemas, ya veréis"- y luego forzar al cambio ante el comportamiento más fluido y natural de OS X en las máquinas de sobremesa y portátiles de Apple.

Los ejemplos son innumerables en otros campos en los que los fabricantes, a pesar de defender su ecosistema con uñas y dientes, tratan de extenderlo al mayor número de fabricantes posibles. Google presumía del "Don't be evil" ("¡Mua-ha-ha-ha!", reían mientras Brin y Page) y nos colaba sus servicios de forma ejemplar. ¿Os acordáis de cuando todo era "Beta" durante años en Google? Aquella etiqueta casi nos convencía de que esa empresa seguía siendo una startup en la que todo estaba en pleno desarrollo, cuando aquellas betas eran mucho más redondas en prestaciones que la mayoría de servicios que trataban de competir con los de la empresa de Mountain View. Servicios que Google trató y trata de impulsar en todo tipo de plataformas con ese atractivo argumento del producto gratuito en el que al final tú eres el producto. Aunque luego esa famosa frase sea desmontable con argumentos muy potentes. Pero ese es otro tema. Y quizás otro post de futuro.

La conclusión aquí es que estas tres empresas, referentes durante años en el segmento tecnológico, no son ni mucho menos unas santas. Como casi ninguna otra. Todas intentan crecer, y eso no siempre significa que todo se haga jugando limpio. Aquí entran temas muy serios en el ámbito de las leyes antimonopolio, pero la globalización ha hecho que dicha regulación se haya quedado atrás una y otra vez. Las líneas que definen qué está bien y mal moral y éticamente en prácticas empresariales cambian constantemente, y las empresas se aprovechan de ello. Hacen trampas, juegan sucio, y lamentablemente la jugada les suele salir bien. Muchas logran con esas prácticas impulsar su cuota de mercado, crecer y vender más, y solo mucho tiempo después acaban siendo perjudicadas de forma casi testimonial. Frenar esos comportamientos debería ser algo mucho más relevante en la industria, pero parece que de momento este tipo de comportamientos son más la norma que la excepción.

Con NVIDIA y Project Cars llegó el escándalo

En Reddit aparecía hace unos días un hilo de discusión especialmente notable en el que se desvelaba la situación que había surgido con el lanzamiento de Project Cars. Allí un usuario del subreddit dedicado al gaming ponía los puntos sobre las íes y explicaba cómo el juego corría perfectamente en gráficas de NVIDIA de cierta gama, y se arrastraba en gráficas de AMD de gamas equivalentes.

¿Qué está ocurriendo? Pues ni más ni menos que los desarrolladores de Project Cars han creado un juego haciendo uso de la tecnología GameWorks, una solución propietaria que NVIDIA pone a disposición de los desarrolladores para que estos puedan sacar el máximo provecho de las gráficas de la compañía. Eso estaría muy bien si la ventaja competitiva fuese interesante, pero es que en este caso es absolutamente brutal. Y lo es en gran parte por la dependencia del motor de física PhysX.

Como muchos sabréis, PhysiX hace que la GPU se encargue del "trabajo sucio" y libere a la CPU, que en este tipo de cálculos resulta mucho menos eficiente. Normalmente los videojuegos ofrecen la posibilidad de activar o desactivar el motor de física: uno obtendrá así esos efectos más realistas o no, pero podrá desactivar esa opción si no cuenta con una gráfica demasiado potente para aliviarla de ese trabajo. En Project Cars esa opción no existe, y el cálculo de físicas en gráficas de AMD no puede pasar a hacerlo su GPU -incompatible, claro está, es del rival- así que todo ese trabajo lo tiene que hacer la CPU. Que por supuesto se convierte en un cuello de botella para la experiencia general.

Hay ciertas esperanzas de que el problema se alivie con la llegada de Windows 10, ya que el controlador de AMD para este sistema operativo le da más margen a la CPU para esos cálculos. Sin embargo, los propios ingenieros y desarrolladores de la empresa de Project Cars, aún a sabiendas del problema, mantuvieron su enfoque total hacia NVIDIA y parece haber datos de que había relaciones previas entre ambas empresas que parecían favorecer ese potencial favoritismo.

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El problema con NVIDIA Gameworks y su carácter propietario no es la primera señal de que esta empresa trata de obtener esa ventaja competitiva con tácticas discutibles, pero desde luego no es la única en tratar de lograr esos empujones de ventas, y las modificaciones de controladores para salir mejor parados en ciertas pruebas de rendimiento o ciertos juegos que se utilizan en análisis son ya un clásico en el mundo de las gráficas. AMD respondía a las acusaciones de NVIDIA al respecto en 2010, pero si ese os parece un caso antiguo, los hay aún bastante más veteranos, como este de 2003 en el que la propia FutureMark acusaba (y demostraba) a NVIDIA de esas prácticas.

Las propias empresas, dicen los entendidos, favorecen unos u otros productos con sus propios controladores y en pruebas recientes las NVIDIA GeForce GTX 780 y sobre todo las 780 Ti -ambas con núcleos de la familia Kepler- son superadas por una GTX 960 -con núcleos de la nueva familia Maxwell-, algo difícil de explicar a no ser que NVIDIA esté "mimando" especialmente a esa nueva familia en sus controladores. Y es este tipo de prácticas las que pone en pie de guerra a usuarios descontentos o bien con el fabricante al que le compran una tarjeta dedicada para llevarse una decepción de este tipo, o bien con el rival por tratar de utilizar técnicas "discutibles" a la hora de tratar de lograr relevancia.

El cruce de acusaciones es habitual entre empresas con esta rivalidad, y sin estar en el ojo del huracán es difícil valorar quién ha hecho mal (si es que lo ha hecho) y quién lo está haciendo bien (si es que lo está haciendo). Los comentarios cruzados son constantes, y el famoso FUD con el que juegan los departamentos de marketing y los fans de esas marcas es permanente. Y por supuesto es otra batalla estéril que nos distrae y desvía de lo realmente importante, que debería ser disfrutar de los juegos sin más.

La eterna batalla de lo privativo (o propietario) y las filosofías Open Source

Aquí es importante que seamos coherentes también con una realidad patente: las empresas que desarrollan productos propietarios invierten muchísimo tiempo y dinero en tratar de lograr que éstos sean mejores que los de la competencia. El debate sobre enfoques más abiertos o más cerrados no es relevante en este punto concreto, porque lo importante es lograr ventajas competitivas a base de iteraciones y de la introducción de características interesantes, prácticas y atractivas para los usuarios. Innovar, refinar y mejorar son aspectos fundamentales para que este ritmo tecnológico casi frenético que vivimos sea tan productivo, pero lo que no es de recibo es que además (o en lugar de eso) existan este tipo de tretas para lograr un impulso inmerecido en la trayectoria de un producto o empresa.

Ese enfoque de lo abierto frente a lo cerrado sí afecta, desde luego, a la imagen de estas empresas ante sus comunidades de usuarios. En el caso de NVIDIA y AMD las posturas son claras: NVIDIA nunca ha facilitado demasiado la vida a los desarrolladores Open Source -algo de lo que el mismísimo Linus Torvalds se quejó muy gráficamente- y AMD ha sido la que más ha aportado en este segmento.

Y para muestra un botón: los controladores Open Source existentes para gráficas de AMD se basan en la documentación que la empresa ha ido liberando y que ha facilitado enormemente la labor de esos desarrolladores. En el caso de NVIDIA el proyecto Nouveau ha requerido un esfuerzo mucho mayor al tener que utilizarse la ingeniería inversa para poder lograr dar soporte a ese hardware. 

Los resultados hablan por sí solos: si uno quiere jugar en Linux con su gráfica NVIDIA se puede ir olvidando de usar controladores Open Source -este análisis de la conocida Phoronix lo demuestra- mientras que en la comparación de los controladores abiertos integrados en el kernel Linux 4.0 (con Mesa 10.6) frente a la versión propietaria de los Catalyst de AMD en Linux la cosa está mucho más igualada. Sorprendentemente cerca, podríamos decir, aun cuando los blobs binarios sigan ganando la partida.

Son solo dos ejemplos que validan ese interés de las empresas por invertir tiempo y recursos en aquello que les es rentable, lógicamente. Pero como vemos, hacerlo sin olvidar a otras comunidades -como es el caso de AMD y el mundo Linux- es un enfoque que desde luego aporta mucho valor a un fabricante. Es una pena que eso no se traduzca en una mayor relevancia de estas empresas: AMD está totalmente ensombrecida por Intel en micros tanto en rendimiento como en cuota de mercado, y la cosa en gráficas dedicadas no parece ir mucho mejor contra NVIDIA si hablamos de cuota de mercado. Algo muy parecido podríamos decir de una Mozilla que a pesar de defender estándares abiertos y que nos libró del yugo de Internet Explorer no ha cuajado como quizás se hubiera merecido. El mundo, dirán muchos, es un lugar injusto.

 


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