Está claro que en las próximas décadas el hombre va a llegar a Marte, porque se ha generado mucho interés al respecto y ya hay proyectos firmes en marcha. Eso va a suponer un reto técnico, desde luego, pero también implicará desafíos en el aspecto legal. Si se trataran de visitas más o menos breves, posiblemente no resultaría necesario legislar demasiado, pero se está planteando la posibilidad de establecer colonias permanentes. Y, cuando se tiene lugar una convivencia tan prolongada, hacen falta normas. Por supuesto, las empresas que participen en estos proyectos también querrán contar con seguridad jurídica para que su inversión no corra riesgos.

Así que vamos a analizar el tema de la ley marciana. Primero echaremos una ojeada a los distintos esfuerzos que se están haciendo para poner a un ser humano en el planeta rojo, luego analizaremos el marco legal que se aplicaría a día de hoy allí y, por último, presentaremos algunas propuestas para mejorar una legislación que se ha quedado anticuada tras casi 50 años vigente. Empezamos el viaje interplanetario:

Los proyectos para llegar a Marte

Se ha debatido mucho de la conquista del planeta rojo pero, a día de hoy, sólo son tres las iniciativas reales que intentan poner a una persona allí. Conozcamos un poco mejor en qué consiste cada proyecto, y cómo de avanzado se encuentra a día de hoy:

La NASA: la NASA, que es la que más experiencia tiene en exploración espacial, calcula que en el 2025 un hombre pisará un asteroide, y que en 2030 podría llegar a Marte. Y está trabajando con esas fechas en mente. Su objetivo es garantizar la seguridad y el regreso de los exploradores, y asegura que su experiencia con la Estación Espacial Internacional resulta clave para eso. Los planes no están del todo cerrados, pero son relativamente sólidos, al menos en comparación con las otras iniciativas rivales.

SpaceX: Elon Musk, el emprendedor detrás de Hyperloop, el medio de transporte del futuro, quiere llegar a Marte con SpaceX, su empresa de cohetes. Apunta al 2026 para poner a un hombre en el planeta, pero la compañía nunca ha llevado tan lejos ninguna sonda o satélite, así que parece más una declaración de intenciones que una posibilidad real. Pero, desde luego, no hay que despreciar la importancia de la iniciativa privada en la carrera por Marte.

Mars One: se trata de un proyecto privado para montar una colonia en Marte, cuyos habitantes no regresarían a la Tierra. En 2018 se empezarían a enviar satélites, en 2025 llegarían los primeros astronautas y, en años posteriores, se enviarían hasta un total de 20. El coste de la misión se estima en 6.000 millones de dólares, financiados en parte al emitir por televisión la convivencia de los colonos. Hay que destacar que el hecho de que los participantes no vuelvan a nuestro planeta reduce mucho los costes, pero algunos científicos ponen en duda la viabilidad de la aventura y el realismo de los plazos establecidos.

La legislación actual

El principal problema que se plantea al llegar a Marte está muy claro: ¿quién es el dueño de los recursos y de la zona en la que se establezcan los seres humanos? Pues lo cierto es que este tema está perfectamente explicado en el Tratado del espacio exterior del 10 de octubre 1967, que fue firmado en la ONU por la Unión Soviética y Estados Unidos. A día de hoy, más de 100 países lo apoyan, y otros 26 lo han firmado pero están pendientes de ratificarlo.

El tratado, entre otros temas, declara el espacio exterior zona libre de armas de destrucción masiva, especialmente las nucleares, ya sean con fines militares o para experimentos. Respecto a la propiedad de un planeta o sus recursos, se explica que son patrimonio de la Humanidad, y que ningún estado o empresa puede reclamarlos, sólo explorarlos con fines pacíficos. Por lo tanto, no se pueden establecer bases militares ni hacer maniobras.

Por otro lado, cada estado se compromete a autorizar previamente y vigilar de cerca las actividades de sus empresas fuera de la Tierra, y se establece un mecanismo para resolver conflictos que se generen en la exploración espacial cuando el trabajo de una nación perjudique al de otra.

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Respecto a leyes de convivencia, como vimos cuando analizamos qué pasaría si se cometiese un crimen en la Estación Espacial Internacional, el tema es distinto. Una cápsula en Marte se consideraría parte del país de la empresa que la envió, y en ella se aplican sus leyes nacionales. Eso sí, en general, esta norma se concibió para estancias cortas, no con una colonia espacial en mente.

¿Deberían cambiar las leyes del espacio?

Con la llegada de la iniciativa privada al espacio, hay quien cree que las leyes tendrían que modificarse, con el fin de incentivar el establecimiento de bases en Marte. Y es que a las empresas no les interesará demasiado invertir si no pueden ser propietarias de terrenos en los que aterricen ni comerciar con los recursos que encuentren.

Una idea que se propone es utilizar un sistema similar a la Ley de Asentamientos Rurales que en el siglo XIX favoreció la colonización del Oeste estadounidense. Básicamente, se trataría de otorgar la propiedad de los terrenos a quienes primero se asienten en ellos, lo que generaría competencia por llegar cuanto antes a las parcelas más interesantes.

Por otro lado, está claro que será necesario crear leyes específicas para las colonias. Depender de los tribunales ordinarios es complicado por las dificultades en la comunicación, pero imponer penas se volverá aun más difícil. Y es que resulta inviable que una comunidad de 20 personas pueda permitirse encarcelar a un miembro rebelde y que no trabaje, cuando sus recursos son limitados. Enviarlo de vuelta a la Tierra resultaría muy costoso, así que habría que contar con un plan alternativo.

Conclusión

Desde luego, los que creen que las leyes de 1967 deben ser actualizadas no están faltos de razón. Se crearon en un contexto histórico muy distinto y no se adaptan a las necesidades actuales, ni son lo suficientemente completas para los nuevos retos.

A: P