Cuando nos encontramos en una situación que nos genera una fuerte presión, nuestra forma de actuar o responder puede hacernos salir triunfantes o hundirnos hasta el cuello.

Ya se trate de una reunión de trabajo, la presentación de un proyecto, convencer a los de más de nuestras ideas o resolver algún problema complicado, estar bajo presión implica que te encuentras en una situación difícil y en la que muchas personas no saben cómo reaccionar o qué decir y se vienen abajo.

No obstante, puedes aprender a funcionar mejor en este tipo de situaciones. Estas son algunas estrategias que pueden ayudarte.

1. Infórmate bien. Uno de los aspectos claves en este tipo de situaciones es la confianza que sientes y es mucho más fácil sentir confianza cuando tienes los conocimientos necesarios y sabes de lo que estás hablando. Por ejemplo, si  tienes una idea muy clara sobre el mejor modo de hacer las cosas y has estudiado cómo hacerlo y los pasos a seguir, te será más fácil transmitir confianza y seguridad a los demás para que te sigan porque tú también sentirás una mayor confianza. Por tanto, el conocimiento es una de las armas más importantes de las que dispones.

2. Prepárate para lo que pueda pasar. Si has pensado con antelación en los posibles problemas, inconvenientes u obstáculos que pueden surgir, estarás mucho más preparado para afrontarlos si llegan a aparecer. Trata de pensar en los “pero” y los “y si…” que puedan plantear los demás, sus posibles dudas o incertidumbres o las preguntas difíciles que puedan hacerte  y piensa en posibles respuestas que podrías darles.

3. Escucha y observa atentamente. Estar bajo presión significa que estás sometido a estrés y experimentando cierto grado de malestar. Si no toleras bien este malestar y solo piensas en eliminarlo lo antes posible, hay muchas probabilidades de que no observes con claridad lo que está pasando ni escuches lo que los demás tienen que decirte. Si respondes con demasiada rapidez, antes de tener claro lo que la otra persona está diciendo o antes de haber analizado con calma la situación, puedes dar una respuesta inapropiada y precipitada que empeore las cosas o puedes interpretar la situación de manera incorrecta. Es importante que, ante una situación difícil, te detengas a pensar, observar, analizar y respondas con calma y sin precipitarte. Por ejemplo, no supongas que alguien te está atacando solo porque eso es lo que te parece en un principio. Tal vez si indagas un poco más y haces algunas preguntas a la otra persona descubres que no es un ataque sino una muestra de preocupación, dudas, etc.

4. Pregunta. Hacer preguntas no solo te sirve para conocer mejor la situación y no sacar conclusiones precipitadas sino que, además, te da más tiempo para pensar y para calmarte tras el susto inicial (el encontrarte de repente en una situación difícil). Algunas personas creen que hacer preguntas los hará perecer inseguros. Esto no es cierto. Al preguntar mostrarás interés y preocupación por el problema y sabrás mejor a qué atenerte.

5. No dejes que el estrés se convierta en ansiedad. Para evitar que el estrés o nerviosismo inicial aumente hasta convertirse en ansiedad pregúntate: “¿Qué puedo hacer para resolver esto?” Esta frase pone tu mente en el “modo” de resolución de problemas. Es decir, percibes el problema como un reto a superar y no como una amenaza. Si, por el contrario, dejas que tu mente se descontrole con pensamientos relacionados con todas las cosas malas que pueden pasarte: “quedaré fatal, me van a despedir, no seré capaz de solucionar esto, soy idiota, etc.” entonces estás viendo el problema como una amenaza y haciendo que el estrés se convierta en ansiedad. La ansiedad te lo pondrá todo mucho más difícil pero no imposible. Si a pesar de todo sientes ansiedad, piensa “vale, siento ansiedad, esto hará que sea más difícil pero puedo rendir bien incluso con ansiedad. Solo tengo que tratar de calmarme y centrarme”.

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6. No estés a la defensiva. Ponerte a la defensiva te hace parecer inseguro y ansioso o beligerante. Concede a los demás el beneficio de la duda y, si te parece que alguien te está atacando, pide que te explique mejor su punto de vista. Por ejemplo, puedes preguntarle con calma: “¿Qué quieres decir?”

7. No tengas miedo a los silencios. Guardar silencio unos segundos mientras piensas una respuesta no te hará quedar mal. Tan solo darás la impresión de que eres una persona que no se precipita sino que piensa las cosas con calma en vez de soltar lo primero que te pase por la mente.

8. Controla tu respuesta. Si tu respuesta es demasiado corta, hará que la otra persona te siga preguntando y parecerá que no dominas la situación. Si das una respuesta demasiado larga aburrirás a la otra persona y puede que digas cosas que no deberías haber dicho. Además, puedes dar la impresión de que estás ansioso y tratas de escapar de la situación mediante respuestas cortas y monosílabos o hablando sin parar y tratando de desviar el tema. Da una respuesta clara, que transmita la información que la otra persona desea saber. Si no sabes la respuesta, dile que no cuentas ahora con esa información pero que te informarás lo antes posible o dile que aún tienes que pensar más sobre ese punto antes de poder responderle. Es decir, dile la verdad. No te inventes las cosas que no sepas porque te puede hacer quedar como un incompetente y no inspirarás confianza.

9. Vigila tu tono de voz. Intenta hablar de un modo que transmita calma y confianza. Usa un tono apropiado, ni demasiado bajo ni demasiado alto. Usa el contacto ocular de manera apropiada, presta atención a cómo está respondiendo la otra persona (si muestra desinterés, desconfianza, dudas, etc.) Habla bien, cuidando tu gramática y pronunciación.

En definitiva, muestra confianza, trata de mantener el control de la situación y la calma, no te precipites en tus conclusiones ni en tus respuestas, haz preguntas para conocer bien la situación en que estás y las preocupaciones de los demás y responde con claridad a sus dudas.

 

 

A: N