Mar Asunción, Responsable del Programa de Cambio Climático de WWF España.- Han pasado casi 30 años desde la creación del Panel Intergubernamental de Cambio Climático de la ONU (IPCC) y más de 20 desde que el mundo, a través de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, decidió abordar el problema del calentamiento global de forma conjunta para evitar interferencias peligrosas del sistema climático en las sociedades humanas y los ecosistemas. Después de este tiempo el consenso científico sobre que este fenómeno está ocurriendo por la acción humana es prácticamente unánime, tan solo cuestionado por un puñado de voces con intereses en crear ruido para mantener el “status quo”.

Sin embargo, aun reconociéndose el problema tanto por parte de la población, la ciencia y las instituciones, las acciones efectivas para frenarlo no han sido lo suficientemente contundentes y las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) no paran de crecer. Las temperaturas llevan decenios subiendo, y en el siglo XXI hemos vivido 14 de los 15 años más cálidos jamás registrados. Los datos científicos, y nuestra propia percepción, confirman una mayor frecuencia e intensidad de olas de calor, sequías, incendios, lluvias torrenciales e inundaciones. Ya se observan subidas del nivel del mar, pérdida de glaciares, y desplazamiento de especies. También nos enfrentamos a  impactos en sectores económicos como la agricultura, el turismo y la sanidad, entre otros.

El cambio climático está directamente relacionado con un modelo energético basado en los combustibles fósiles como carbón, petróleo y gas, cuya quema libera a la atmósfera CO2, el principal de los GEI. Por ello, es necesaria y urgente la transición hacia un modelo energético más limpio, sostenible, y justo, basado en las energías renovables y la eficiencia energética. Las tecnologías existen y son competitivas a nivel económico, considerando además los beneficios que proporcionan por la reducción de la dependencia exterior de combustibles fósiles, ya que los recursos renovables son locales: la energía proviene del viento, el sol, el agua… Crean además empleo local, con mayor número de puestos de trabajo de calidad, y contribuyen a un aire más limpio, con las ventajas que esto tiene para la salud.

Y entonces, ¿por qué todavía seguimos anclados en un modelo energético fósil? La razón es simple: los intereses de unos pocos se anteponen a los de la mayoría. Los grupos de presión o lobbys energéticos de las grandes corporaciones fósiles utilizan todo su poder para intentar retrasar la transición energética, que por otra parte es inevitable, y así seguir exprimiendo la “gallina de los huevos de oro”. Todavía muchos gobiernos escuchan con mayor frecuencia e intensidad a los representantes de grandes empresas que les presionan con “¿qué hay de lo mío?”, en vez de atender a lo que dice la ciencia y la sociedad. El pasado año el Quinto Informe del IPCC documentaba abundantemente la necesidad y urgencia de abordar medidas encaminadas a combatir el cambio climático. También el pasado septiembre, ciudadanos de todo el mundo nos manifestamos masivamente pidiendo acción contundente contra el cambio climático.

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2015 es un año crucial para el clima, y por tanto para todos nosotros, ya que en diciembre los gobiernos de todo el mundo se reunirán en París y deben llegar a un acuerdo climático global que nos ponga en una senda segura de desarrollo y nos libre de los peores impactos de cambio climático. Por ello es necesario y urgente que juntos participemos en las numerosas iniciativas que estamos organizando desde la sociedad civil, como la Hora del Planeta de WWF. Sólo así podremos alzar suficientemente nuestra voz, para que los dirigentes tengan que dar una respuesta convincente a nuestra pregunta: Clima y energía ¿qué hay de lo nuestro?

A:I