Los medios más precisos para conocer la actividad cerebral se basan en el seguimiento de la cantidad de oxígeno en la sangre en cada momento, pero son demasiado lentos. Un equipo de científicos propone un nuevo sistema que permitiría observar la actividad en directo y con una precisión sin precedentes.

En Neurolab hablamos a menudo de estudios hechos con resonancia magnética funcional en los que los especialistas observan la actividad cerebral de los voluntarios. Pero no todo el mundo sabe en qué se basa este sistema. Desde que Angelo Mosso creara en 1882 su "máquina de pesar los pensamientos", los médicos han intentado escrutar la actividad que tiene lugar dentro del cerebro. Aunque la máquina que medía directamente el peso de la sangre en la cabeza no llegó a nada, la física del siglo XX permitió alcanzar el mismo objetivo desde otra perspectiva y con mejores resultados.
La resonancia magnética se basa en la respuesta de los átomos de hidrógeno presentes en nuestro organismo ante un fuerte campo magnético. En concreto, el descubrimiento de que la desoxihemoglobina presente en la sangre se comporta como un pequeño imán abrió la puerta a desarrollar una técnica que permite comprobar qué pasa en las neuronas. Como éstas consumen oxígeno en abundancia, se produce un aumento del nivel de desoxihemoglobina que deja un rastro trazable en el escáner de resonancia y ofrece la imagen de las zonas que se activan cuando realizamos alguna tarea cognitiva.

Lo importante de este sistema es que es no invasivo y que es el más utilizado en investigación en los últimos años, a pesar de que la respuesta que muestra se observa con mucho más retraso que la tomada por electroencefalograma (éste mide las señales eléctricas, infinitamente más rápidas que el flujo sanguíneo). Hace unos días un equipo de investigadores presentaba en la revista Nature Methods un nuevo sistema para seguir la actividad del flujo sanguíneo que promete resultados mucho más rápidos y precisos.


La técnica consiste en hacer rebotar haces de láser sobre los glóbulos rojos y obtener respuestas por debajo de un milisegundo y con una resolución espacial que permite identificar estructuras tan pequeñas como células individuales (la resonancia magnética ofrece una respuesta mucho más lenta y permite distinguir la actividad de estructuras de milímetros en los que hay miles de células).

El principal inconveniente del sistema es que de momento solo se puede poner en práctica en animales porque no es seguro para la salud de las personas, pero ofrece una vía para conocer mejor cómo se relaciona la actividad cerebral con el consumo de oxígeno. De esta forma se puede perfeccionar nuestro entendimiento de los resultados de las resonancias o analizar de manera pormenorizada cómo se forman los coágulos que terminan dando lugar a un accidente cerebrovascular como un ictus y que afectan a millones de personas.

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A:M