Si creen que éste será el retrato del chico malo, el problemático, el impulsivo, el vampiro que ha estado dos años sancionado por la FIFA sin poder jugar con su selección por morder a Chiellini en un Mundial, el que fue acusado de racista en Inglaterra y clavó los dientes a Ivanovic, el que fue castigado también en Holanda por morder a Bakkal, no sigan. Porque ésta es, principalmente, una historia de amor y de segundas oportunidades. De amor, sí, han leído bien. Porque es imposible entender quién es Luis Suárez sin hablar de amor.

Alfred Hitchcockle contó en una deliciosa entrevista a Francois Truffaut la siguiente anécdota: «Había una vez un guionista a quien se le ocurrían siempre las mejores ideas en plena noche y, cuando se despertaba por la mañana, no conseguía recordarlas; finalmente se dijo: 'Voy a colocar una hoja de papel y un lápiz al lado de la cama, y cuando se me ocurra una idea, la podré escribir'. El individuo se acuesta y naturalmente, a mitad de la noche se despierta con una idea formidable; la escribe rápidamente y se vuelve a dormir tan contento. A la mañana siguiente se despierta, y al principio se olvida que ha copiado la idea. Está afeitándose y se dice: '¡Ah, bueno! Se me ha ocurrido una idea formidable esta noche pero se me ha olvidado. ¡Ah, es terrible...! Pero si no recuerdo mal, la he escrito en un papel'. Se dirige rápidamente a su dormitorio, coge el papel y lee: 'Un chico se enamora de una chica'».

El guión de la historia de Luis Suárez es tan redondo que comienza así: «Un chico se enamora de una chica».

PLANTEAMIENTO

Luis Suárez tenía 15 años y jugaba en los juveniles del Nacional de Montevideo cuando conoció a Sofía Balbi, que estaba a punto de cumplir 13. Él, de padres separados y con seis hermanos, muy humilde y mal estudiante, tampoco se tomaba demasiado en serio el fútbol. Salía por las noches, no rendía en los partidos y Nacional comenzaba a plantearse su despido cuando conoció a Sofía, de familia acomodada y que vivía en Solymar, a 24 kilómetros de Montevideo.

Y fue entonces cuando todo cambió. Son muchas las entrevistas en las que ha hablado de su historia de amor y de cómo Sofía -Sofi-, le salvó. Así lo relataba en el Canal 10 de Uruguay hace sólo un año: «Era un niño muy inquieto. En la escuela no tenía buena conducta. En mi casa faltaba de todo. Nunca me faltó un plato de comida, pero no me avergüenzo de decir que con 11, 12 o 13 años me iba a cuidar autos con mi abuelo para llevar algo de plata a mi casa. Sofía sabe lo que me ayudó y por el camino por el que me ha llevado. Me hizo ver que yo no era un burro, sólo que no tenía ganas de hacer las cosas. Me animaba a hacer los deberes. Empezamos a salir cuando yo tenía 15 años y ella 13. Por ella hice cosas increíbles como ir caminando de Montevideo a Solymar, 24 kilómetros andando».

El mundo se les vino encima cuando el padre de Sofía, que trabajaba en un banco que cerró durante la crisis, decidió que la familia se trasladara a Barcelona para comenzar de nuevo animado por un hermano suyo que vivía en la Ciudad Condal. Luis y Sofi creían entonces que nunca más volverán a verse y ambos recuerdan aún hoy las lágrimas y la angustia de adolescentes cuando se despidieron. Tres meses después de su marcha el jugador no aguantó más y le pidió dinero a su representante, Daniel Fonseca, para viajar a Barcelona y verla en Navidad.

Luis aterrizó en El Prat, era menor de edad y fue retenido durante horas porque no atinó ni a decir dónde iba. «No traía ninguna dirección, nada. Venía con una camisa blanca y me empezó a salir sangre de la nariz. Sofía me esperaba en el aeropuerto, pero hacía más de dos horas que había llegado el vuelo y yo no salía. Estaba detenido y no sabía por qué. Me dijeron que no llevaba ninguna dirección a donde ir. Les expliqué que iba a pasar 15 días para conocer las montañas y el mar, era lo que había visto desde el avión. Me abrieron la valija para revisarla y una tía suya me había enviado un paquete para un familiar y llevaba un número de teléfono y la dirección», relató Suárez. Y es en Barcelona, durante esas vacaciones navideñas, cuando Luis Suárez tomó la decisión: tenía que jugar en Europa para ver a Sofi.

El Groningen le hizo una oferta. Él no conocía ese equipo, pero sabía que Holanda estaba más cerca de Barcelona, de Sofía, que Montevideo

La meta no era ser una estrella, sino poder estar cerca de su novia. Sin esa motivación, sin el objetivo de jugar bien, lo mejor posible, para que le fichara un equipo europeo y ver a Sofía probablemente Suárez no sería quien es hoy en día: uno de los mejores delanteros del mundo.

Con 17 años debutó en la primera plantilla de Nacional y con 18 el Groningen le hizo una oferta. Él desconocía que había un equipo que se llamaba así, pero sabía algo: que Holanda estaba más cerca de Barcelona, de Sofi, que Montevideo. Y así es como Suárez llegó al fútbol europeo: por amor. Una semana después de firmar visitó a Sofía en Barcelona y cuando llegó el momento de regresar a Groningen, mientras se despedía de ella en el aeropuerto, le propuso que se marcharan juntos, que tenía dinero para su billete. Ella, con sólo 16 años, llamó a su padre para comunicárselo y embarcó con Luis, sin ropa, maleta, sin nada. Y ya nunca más han vuelto a separarse.

NUDO

La historia de amor de Luis Suárez es menos conocida, y desde luego ha ocupado menos espacio en los medios, que las polémicas que ha protagonizado. Errores importantes que han dañado su imagen y le perseguirán para siempre. Tras jugar en Groningen le fichó el Ajax, donde llegó a ser incluso capitán, el primer jugador sudamericano en lograrlo. En la temporada 2009-2010 ya es el máximo goleador de la Eredivise marcando 35 goles en 33 partidos y al año siguiente se produce su primer altercado serio: en un partido contra el PSV muerde en el hombro a Bakkal y la Asociación Holandesa de fútbol le suspende durante siete encuentros. Ese verano le llega la oferta del Liverpool, donde jugó tres temporadas. En la 2013/2014 logró 31 goles en 30 partidos, siendo el máximo goleador europeo junto a Cristiano Ronaldo.

Es en su primer año en la Premier donde protagoniza uno de los episodios que más le avergüenzan. El entonces jugador del United Patrice Evra, le acusó de insultos racistas durante un partido ante el Liverpool en el 2011. La Federación de fútbol inglesa le sancionó con ocho partidos en un episodio que aún le corroe. «¿Usé la palabra 'negro' en una discusión en español con Evra? Sí ¿La palabra 'negro' significa lo mismo en español que en inglés? No, absolutamente no ¿Soy un racista? No, absolutamente no» Le dije: '¿Por qué negro, por qué protestas si es falta?', pero mi versión llegó al árbitro de forma diferente. No, '¿Por qué negro?', sino 'Porque eres negro' , lo que cambia drásticamente el significado. Porque significa because, no why. Todavía estoy triste y furioso de pensar que esa es una mancha que probablemente quede para siempre. Cuando mis hijos sean mayores y pongan en el buscador mi nombre, aparecerá la palabra racista. Es una mancha que no merezco», explicó el jugador en su autobiografía Cruzando la línea, Luis Suárez. Es la única vez que ha hablado de este tema.

La de Evra no fue su única polémica en Inglaterra. En abril del 2013 reincidió y le cayeron 10 partidos por morder a Ivanovic, pero sin duda el mayor escándalo de su carrera sucedió en el mayor escenario posible: un Mundial de fútbol.

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Uruguay se clasificó para los octavos de final del último Mundial de Brasil tras vencer a Italia por 1-0 en un partido que quedará siempre en la historia por el mordisco de Luis Suárez a Chiellini. La FIFA fue implacable: nueve partidos de sanción e inhabilitación de cuatro meses «para ejercer cualquier clase de actividad relacionada con el fútbol». Es decir, no podía ni entrar en un estadio. Y justo por entonces estaba cerrándose la negociación para fichar por el Barça.

«¿Tú estás seguro?», le preguntaban a Andoni Zubizarreta, que había escogido al uruguayo para reforzar la delantera después de que la primera opción, el Kun Agüero, no fructificara. «¿Tú estás seguro?». Y Zubi contestaba: «Espera, que saco la bola de cristal». «Cuando alguien se equivoca y de forma tan grosera como él lo hizo, y lo sabe, ¿por qué no va a merecer una segunda oportunidad?», resumió el ex director deportivo azulgrana en una entrevista reciente en Rac1.

DESENLACE

El Barça tampoco fue la primera opción de Suárez. Su representante, Pere Guardiola, manejaba importantes ofertas de clubes, entre ellas el Real Madrid. «Pero cuando el Barça preguntó por mí no quise escuchar nada más», afirma el delantero siempre que le preguntan. «Cuando le llamamos no vino directo porque estaba en el Mundial», sentencia Zubi.

Barcelona. Donde Sofi vino a vivir con 14 años. Barcelona, donde él viajó para verla con 16 sin tener siquiera una dirección y con dinero prestado. Barcelona, donde nació su hija Delfina en el verano de 2010 justo a tiempo para que su padre pudiera asistir al parto después de disputar el Mundial de Sudáfrica. Barcelona como principio y fin y el Barça como sueño recurrente desde que era un adolescente. Suárez aún conserva una fotografía que se hizo en el 2004 cuando se coló en el Camp Nou. No tenía dinero y daba con Sofi una vuelta por el estadio cuando vieron una puerta abierta. «No entres, no entres», le gritó ella, pero corrieron por unas escaleras y salieron a la grada, donde se tomaron una fotografía a toda prisa antes de salir huyendo de nuevo. La anécdota, que él ha relatado en diversas ocasiones, se la recordó un directivo del Barça a Sofía cuando su marido firmaba el contrato. «Me alegro que haya venido, porque tenemos que solucionar la cuenta del paseo gratis por el estadio», bromeó.

Tras el mordisco en el Mundial, se puso en manos de un psicólogo, aconsejado por Sofía. "Estoy en el camino para entender porqué lo hice", asegura

Ya como futbolista en Europa fueron frecuentes sus visitas como espectador en el estadio: el 5-0 contra el Madrid, un derbi ante el Espanyol y los cuatro goles de Messi ante el Arsenal en un partido que concluyó 4-1. Así que no, cuando el Barça le llamó no dudó ni un instante y el club azulgrana, pese a algunos recelos tras el mordisco a Chiellini -Bartomeu tuvo que aclarar que en el contrato no había una cláusula anti mordiscos- y la sanción de la FIFA que impedía que el futbolista pudiera debutar hasta finales de octubre, le contrató. «No lo haré nunca más», prometió Suárez el día de su presentación en el Camp Nou. Igual que hizo en Liverpool, y aconsejado por Sofi, tras el Mundial se puso en manos de un psicólogo. «¿Por qué Luis, por qué lo hiciste? Estoy en el camino correcto para entender eso por mí mismo», admite en su autobiografía.

Como en todo buen guión nunca viene mal un poco de suspense en el momento oportuno. Y Suárez, que debutó un 25 de octubre en el Bernabéu, sólo un día después de que terminara la sanción impuesta por la FIFA, volvió a paladear la derrota en su segundo encuentro como jugador culé ante el Celta. En ambos jugó junto a Messi y Neymar y los agoreros comenzaron a hacer ruido, sobre todo después de que un mes y medio más tarde y tras cinco partidos el uruguayo no consiguiera ver puerta, hasta que por fin terminó con la intriga marcando al Apoel de Nicosia en Champions.

El Barça le ofreció no sólo una segunda oportunidad, sino la oportunidad de su vida. «Yo no me atrevía ni a soñar con jugar aquí», reconoció. Y el club ni en sus mejores sueños habría previsto que el uruguayo congeniara tan bien con la piedra angular del equipo:Leo Messi.«Igual es porque venimos los dos de una cultura parecida», apunta Suárez señalando la liturgia del mate que él prepara y los asados en casa de Mascherano a los que se unen también otros compañeros de equipo como Neymar y Dani Alves. Al final es una cuestión de piel. No hay explicaciones certeras sobre por qué formamos lazos de afecto con unas personas sí y otras no. Simplemente, se dan.

Luis y Leo viven muy cerca en Castelldefels y es habitual verles juntos yendo a recoger a sus hijos al colegio o llegar en el mismo vehículo a entrenarse. Thiago, el hijo mayor de Leo, y Benjamín, el menor de Suárez, van a la misma escuela y se llevan solo un año de diferencia. Sus mujeres, Sofía y Antonella, también han hecho buenas migas. La armonía es total y «los tres pepinos» como les bautizó Gerard Piqué, se están hinchando a meter goles en una delantera que muchos califican como la mejor de la historia. Sólo esta temporada ya suman más de cien tantos entre los tres.

De las dudas sobre la idoneidad de su fichaje no queda ni rastro. Salvo algunos piques más o menos subidos de tono, como el que mantuvo con el portero del Espanyol Pau López en la ida del derbi de Copa, su conducta desde que está en el Barça no ha sido motivo de debate. La presión, que él mismo admite que le juega malas pasadas, es para Messi, la estrella es él, los focos siempre le apuntan a él, así que Suárez sólo tiene jugar como sabe, como siempre, peleando, siendo un incordio presionando hasta a su misma sombra y mirando a portería cada vez que se le presenta la ocasión. Es el 9, el killer, el rematador. No cuenta con el talento natural de Messi, ni con la imaginación de Neymar, pero es algo más que un complemento perfecto.

En Barcelona y en el Barcelona ha renacido, ha encontrado por fin la calma y su sitio sin perder la identidad, lo que le hace único. «De aquí no me voy aunque me paguen cuatro veces más», ya ha dicho, y acaba de dar, por fin, el último paso para cerrar su condena: volver a jugar con la selección de Uruguay después de dos años. «La celeste recupera a un jugador increíble, el más importante no sólo por su juego, hoy es el mejor 9 del mundo, sino también por su carácter batallador, no da pelota por perdida. Es la mejor noticia posible», valora al otro lado del Atlántico el mito del fútbol uruguayo Enzo Francescoli.

Luis Suárez tiene otra segunda oportunidad. Y al guión perfecto de chico conoce chica se une la redención de un delantero que logró cinco títulos en su primera temporada de azulgrana y camina con paso firme en la segunda hacia la gloria, como en las mejores películas de toda la vida. ¿El The End ? Aún falta mucho.

A: P