Rubén Doblas, un joven malagueño de 26 años, gana 200.000 euros al mes por comentar videojuegos por Internet. El Rubius es el youtuber más seguido de España y el cuarto del mundo. 

Si usted ya ha pasado los 30, seguramente recuerde aquellas escenas de fans enloquecidas que eran capaces de acampar durante semanas para asegurarse un buen puesto en los conciertos de los Backstreet Boys. Si nació algunos años antes, puede que conozca a alguien que en su día intentara colarse en el hotel donde se alojaban los Rolling Stones. Pues bien, el fenómeno fan para la llamada generación millennial, es decir, para los que ahora tienen entre 15 y 29 años, tiene unos protagonistas que ni se suben a los escenarios, ni salen por la televisión. Son los youtubers, famosos gracias a Internet y sin ni siquiera salir de sus propias habitaciones.

“Son veinteañeros que se dedican a subir vídeos cortos a la Red y que han hecho de ello una profesión”, explica Cristina Bonaga, autora del libro Mamá quiero ser Youtuber (Temas de Hoy, 2016). Y sabe bien de lo que habla, porque ha sido directora de talentos en la agencia Divimove, posiblemente la empresa más importante del sector en Europa, y mano derecha de Elrubius, el youtuber más seguido de España, en sus inicios. Todavía recuerda abrumada aquel día de abril de 2015 en el que aterrizaban en el aeropuerto de Buenos Aires para participar en un evento organizado por la conocida plataforma de vídeos on line. Cuando salieron de la terminal, había casi 2.000 fans esperándoles y vivieron momentos de verdadera tensión porque todos querían acercarse a saludar a su ídolo. “Hubo tantos empujones que incluso tiraron a un guarda de seguridad. Le provocaron un desgarro muscular y tuvo que ser hospitalizado”, recuerda. Los vídeos del momento son tan angustiosos que Elrubius llegó a comparar la situación con una escena de The Walking Dead y confesó por Twitter su agobio: “Casi no podía respirar”. Ese día les hubiera venido bien un despliegue similar al que se puso en marcha en julio de 1999 durante el concierto de los Backstreet Boys en Madrid, donde había un policía por cada cien fans; pero nadie pensó que un youtuber pudiera congregar a tantos seguidores.

“Elrubius es la persona más normal del mundo”, intenta resumir Bonaga, incapaz de enumerar las claves de su éxito. Y es que detrás de ese chico con gorra que habla desde el escritorio de su habitación de estudiante con una voz un tanto engolada y unos gestos algo sobreactuados, al menos para los que no somos millennials, se esconde Rubén Doblas Gundersen (Mijas, Málaga, 1990), un joven de 26 años, hijo de un español y una noruega. Pasó su infancia en España pero tras el divorcio de sus padres se trasladó con su madre a Noruega siendo un adolescente. Según ha explicado en más de una ocasión, tener la oportunidad de estudiar en el sistema educativo nórdico le ayudó a ser más abierto de mente y a buscar nuevas motivaciones.

Y así un buen día empezó a subir vídeos a YouTube en los que comentaba, al mismo tiempo que jugaba, las partidas de videojuegos que más le divertían. Pronto empezó a ver cómo esos vídeos hacían gracia a sus amigos y conseguían una cierta viralidad, difusión en el argot, lo que le llevó a dedicar cada vez más tiempo a estas actividades. Así, terminó por dejar aparcados sus estudios de Animación y Modelado 3-D, para convertirse en youtuber profesional.

Han pasado diez años desde que en 2006 subiera su primer vídeo, y ahora las cifras asustan. Es el youtuber más seguido de España, el segundo del mundo hispano (superado únicamente por el chileno HolaSoyGermán) y el cuarto del mundo. Su canal cuenta con más de 21 millones de suscriptores, más que los de Beyoncé y Lady Gaga juntos. Cada mes tiene de media 120 millones de reproducciones, lo que supone que al día hay cuatro millones de personas que ven alguno de sus vídeos. Su creación más reproducida es una parodia de la canción Torero de Chayanne con los personajes del videojuego Minecraft.

Se ha visto más de 25 millones de veces, una audiencia inalcanzable para las televisiones. Solo un ejemplo. En agosto de este año anunció en un vídeo que iba a sortear varias videoconsolas y un telescopio. Para participar había que retuitear uno de los mensajes de su perfil de Twitter: “limonada”; y en tan solo 48 horas más de un millón de personas ya habían compartido esas ocho letras, convirtiéndolo en uno de los diez mensajes cortos más difundidos en todos los tiempos. Una repercusión que ha llevado a la revista Time a incluirle en su lista de líderes de la próxima generación (Next Generation Leaders). “Esto es increíble”, escribía Elrubius en Twitter nada más conocer la noticia; y al cierre de esta edición su mensaje había obtenido más de 14.800 retuits y 50.000 me gusta. “Es una pasada lo que mueve”, resume Bonaga, que considera que la clave de su éxito está en su naturalidad y cercanía: “Hablar de tú a tú y escuchar a la gente”.

Los galácticos de Internet

Más de uno ha intentado descifrar en cuántos ceros se traducen esa influencia en su cuenta corriente. Algunos estudios basados en el coste de la publicidad en la plataforma, teniendo en cuenta el número de seguidores, han calculado que Elrubius podría ganar 2,5 millones de euros al año; es decir, más de 200.000 euros cada mes. Son cifras a las que no llegan la mayoría de futbolistas de primera división. Sin embargo, los expertos consultados creen que ganar ese dinero solo de la publicidad es imposible, porque el cálculo no es tan sencillo como multiplicar el número de reproducciones por el precio de cada anuncio.

“No es lo mismo que tus vídeos los vean un millón de mexicanos que un millón de estadounidenses”, advierte Héctor Turiel, coautor de Mamá quiero ser Youtuber que conoce muy bien los entresijos de la plataforma de vídeos en la que a sus 50 años también hace sus pinitos bajo el nombre de El Padrino. A las variaciones que sufren las tarifas publicitarias dependiendo del país, habría que añadir la oscilación de precios dependiendo del día e incluso de la época del año. “De la publicidad no ganan ni la décima parte de lo que se dice”, añade Turiel, que considera que la posibilidad de vivir de ser youtuber es un privilegio reservado a unos pocos. “Es como los sueldos de los galácticos. Solo hay unos pocos en primera división”, apunta.

Desde la Comunidad Internacional de YouTubers, creada para reunir a productores hispanos de la popular plataforma de vídeo on line, recuerdan además que lo habitual es que los más conocidos tengan oportunidades de negocio fuera de la web. Elrubius cobra derechos de autor de al menos tres libros. En 2014 publicó El libro troll (Temas de Hoy), un libro interactivo con retos que sus lectores debían completar. En solo seis semanas vendió 40.300 ejemplares y se mantuvo como número uno de ventas en España durante dos meses. En septiembre de 2015 publicó su primer cómic: El Rubius: Virtual Hero (Temas de Hoy), donde él mismo se convertía en el protagonista de un mundo de realidad virtual. Fue tal el éxito que en la última Feria del Libro de Madrid se convirtió en el autor más buscado durante las tradicionales firmas de libros. En junio de este año llegaba la segunda parte: Virtual Hero 2: La torre imposible (Temas de Hoy).

También ha hecho sus pinitos en el cine de la mano de Santiago Segura en Torrente 5, y las compañías de videojuegos cruzan los dedos para que sus productos estén entre los elegidos en los vídeos de Elrubius. En general, todas las marcas que tienen a los millennials como target saben que no hay nadie mejor que un youtuber para llegar a su público, porque además lo hacen utilizando su propio canal y su mismo lenguaje, lo que les garantiza que los vídeos serán virales en cuestión de segundos. Por ejemplo, una de las primeras acciones de marketing de Elrubius sirvió para promocionar una conocida franquicia de pizzas, y lo hizo colgando en su canal un vídeo en el que se dedicaba a incordiar a los clientes pidiéndoles que compartieran con él el borde de la masa.

Nuevos artistas

Puede que más de uno haya levantado la ceja al pensar que semejante vídeo sea capaz de persuadir a alguien, y sin embargo, son contenidos como estos lo que resultan más eficaces para atraer a los adolescentes cual flautista de Hamelin cibernético. En el sector reclaman que el youtuber es una nueva categoría de artista. Y sus producciones son vídeos cortos, de unos 10-12 minutos, donde él se convierte en protagonista. La misma fórmula sirve para vender pizzas, para comentar videojuegos, para aceptar retos de sus fans, para narrar sus viajes o para contar pasajes de su vida cotidiana. Un vistazo rápido al canal de Elrubius basta para saltar en pocos minutos de un vídeo donde televisa una clase práctica de la autoescuela, sin obviar alguna que otra temeridad al volante, a otro donde responde a preguntas de sus seguidores, a cada cual más absurda, para terminar en un tercero en el que da ideas a los espectadores sobre cómo convertirse en el vecino más molesto del edificio. Todo ello con un lenguaje donde habla a su público sin censurar un vocabulario no apto para los horarios infantiles de las televisiones o utilizando complementos de dudoso gusto, como un consolador color fucsia, flexible y un tanto exagerado, con el que simula dar latigazos.

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“Los jóvenes confían más en la gente de su edad”, explica Gonzalo Fuentes, profesor de Humanidades de la Universidad CEU San Pablo, que ha estudiado el fenómeno YouTube en profundidad. De hecho, según un informe elaborado por la red social, los usuarios de entre 18 y 24 años escogen los vídeos creados por gente anónima frente a los que pertenecen a canales oficiales, sean de la índole que sean. Para Fuentes, una de las claves de esa elección está en la comunicación de “tú a tú” que emplean los youtubers, que encuentran en Internet un espacio libre donde pueden “hacer y decir” lo que quieran. “El lenguaje no es un truco, te tiene que salir natural porque si no, se te ve el plumero”, añade Bonaga.

Producciones sofisticadas

Una cercanía que sin embargo no debe llevar a engaños. De media los youtubers pasan unas 12 horas delante del ordenador por cada vídeo y en ellos casi todo está calculado al milímetro. “Seguro que hay un guion, una preproducción, un proceso de producción, y una cuidada posproducción”, explica Fuentes, algo necesario para crear unos productos audiovisuales que no escatiman en efectos especiales. Cristina Bonaga considera que el sector ha vivido una transformación desde las filmaciones amateurs de hace una década hasta los productos cuidadosamente editados de la actualidad.

En efecto, la mayoría de los youtubers empezó comentando videojuegos, una de las temáticas que más unida está al desarrollo de Internet. Además resultan ser los contenidos más rentables, porque al parecer, los algoritmos de búsqueda de la plataforma privilegian esta temática, otorgando un mejor posicionamiento a sus seguidores. Pero además, gracias a YouTube, en estos últimos años los blogs se han quedado obsoletos frente a los vlogs (abreviatura de video blog) y se pueden hacer videoconferencias con cualquier persona aleatoria del mundo gracias a la aplicación Chatroulette. Están los que prefieren el livestream, para transmitir en directo, los amantes del Q&A (acrónimo de questions&answers), un tipo de formato en el que el youtuber responde a las preguntas que le formulan sus seguidores, y los booktubers, los que se dedican a hacer reseñas de libros.

Una gran variedad de formatos que, sin embargo, no termina de encajar en las parrillas de la televisión convencional. “Detrás de una cadena hay un conglomerado empresarial con una línea editorial e intereses económicos”, explica Fuentes. Un entorno que provoca que el chaval espontáneo y natural de YouTube pierda “su esencia”, y termine siendo rechazado por el público. Héctor Turiel añade que la idea de una televisión que se ve a una hora determinada en función de la programación de ese día está “obsoleta”. En algunos países como Estados Unidos, el tradicional dato de share ha perdido relevancia y los canales prestan más atención a las llamadas audiencias retardadas, que miden además las visualizaciones on line, lo que a su juicio les permite hacerse una idea más real de a cuántos espectadores han conseguido llegar.

La fama youtuber también cuesta

Y si la tele les interesa poco, el resto de medios de comunicación tradicionales les interesa todavía menos.“Elrubius no concede entrevistas”, zanjan desde su entorno cada vez que comentamos la posibilidad de ponernos en contacto con él. De hecho, hubo que esperar hasta 2015 para escuchar la voz de Rubén Doblas en televisión. Lo hizo sentándose en El rincón de pensar, de Risto Mejide, y terminó llorando al recordar los malos tragos que ha pasado como consecuencia de su popularidad. Confesó que incluso llegó a recluirse en una casa alejada de los suyos y que vivió durante meses con las persianas bajadas para intentar huir del acoso de los fans.

Por mucho que intenten huir de los medios de comunicación tradicionales, estos ídolos curtidos en las entrañas de la Red no están exentos de la persecución de la prensa del corazón. Elrubius lo vivió en primera persona hace un mes, cuando se despertó un día y vio que una publicación había descubierto su secreto mejor guardado: una relación con una modelo madrileña de 23 años. Como respuesta, contestó en su medio habitual y mostrando su cara más seria con un vídeo donde no escondía su enfado.

Y es que este chico que está a punto de rozar la treintena poco tiene ya que ver con el Rubén Doblas que subía vídeos comentando videojuegos con 16 años. “Con el tiempo maduran y van evolucionando los contenidos”, explica Cristina Bonaga, que cree que en los últimos años se está creando una burbuja que acabará por explotar. “YouTube quema mucho y exige una dedicación de 24 horas”, explica, por eso está convencida de que los que no tengan verdadero talento terminarán por quedarse atrás. El propio Elrubius tuvo que hacer una reflexión en sus redes sociales hace unos meses tras recibir varios comentarios de sus suscriptores en los que se quejaban de que “ya no era el mismo”. En ella explicaba que cada día intentaba seguir siendo él mismo, pero que no le resulta fácil con la “presión” que supone saber que hay miles de personas que constantemente esperan vídeos entretenidos.

Para el profesor Gonzalo Fuentes, conforme van creciendo, estos youtubers corren el riesgo de perder el gancho con la audiencia y que esta “se canse”. “Al fin y al cabo su target son los millennials porque les consideran parte de su generación, pero esa fórmula no servirá para enganchar a los que vengan detrás”, añade. Sin embargo, todos coinciden en que es necesario contemplar el fenómeno en una dimensión más global. “Sería patético ver a los youtubers de ahora haciendo lo mismo con 40 años, pero vendrán otros que engancharán con las generaciones futuras, porque es una fórmula que ha venido para quedarse”, opina Héctor Turiel. Ante estas palabras su compañera Cristina Bonaga asiente con la cabeza mientras advierte que, pese a todo, Elrubius será “irrepetible”. 

m.c