La vida de Bell es lahistoria de un innovador e inventor inquieto, genial y altruista.

Los avances tecnológicos casi no nos sorprenden, son parte tan íntima de nuestro diario vivir que resultaría difícil explicar cómo nos las ingeniábamos antes sin ellos.

En este mundo tan tecnificado, es importante detenernos a pensar en aquellos hombres que hicieron posible estos avances y en la intención que los motivó para realizar sus inventos. Eran creadores pero, sobre todo, eran hombres en la búsqueda del bien.

Alexander Graham Bell es un ejemplo de genialidad y altruismo. Nació en Escocia, en 1847. Estudió en Edimburgo y en Londres, pero fue, mayormente, un autodidacta. Bell heredó de su abuelo y de su padre, maestros de fonética, el amor por el sonido, pero el amor por su madre casi sorda lo impulsaría para crear aparatos de audición.

Dio a conocer el sistema de aprendizaje para sordos ideado por su padre y, por esta labor, conoció a Mabel Hubbard, su futura esposa, que había perdido totalmente la audición. El amor por ella fue uno de los grandes incentivos de su vida.

En 1873 diseñó un aparato para interconvertir el sonido en impulsos eléctricos: el teléfono.

En 1880, recibió el Premio Volta e invirtió el dinero que le otorgaron en el desarrollo del grafófono, uno de los primeros sistemas de grabación conocidos.

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Abrió su propia escuela para sordomudos y ayudó a dirigir la educación de Hellen Keller (ciega, sorda y no sabía hablar),la cual le dedicó su autobiografía.

Inventó un teléfono inalámbrico (el fotófono);hoy día, los sistemas de comunicación con fibras ópticas se basan en su idea. También creó un teléfono para personas parcialmente sordas, que sirvió de base para diseñar las prótesis auditivas.

Fue miembro del Smithsonian Institution y en 1898, se convirtió en el segundo presidente de la National Geographic, y se dedicó a publicar “libros populares sobre temas geográficos”. Desde 1890, La National Geographic ha dado su apoyo a más de 7.500 proyectos y expediciones y ha ayudado a conservar la herencia biológica y cultural del mundo.

Bell criaba ovejas en su residencia de verano; diseñaba destiladores solares para obtener agua potable a partir del agua del mar, realizaba experimentos con botes hidroplanos, cometas tetraédricas y aeroplanos. Sin embargo, cuando le preguntaban cuál era su profesión, respondía: “Maestro de sordos”.

Murió en 1922, dejó 18 patentes a su nombre y 12 más, con sus colaboradores.

Alexander Bell halló el modo de revelarle el sonido a los sordos porque él mismo supo escuchar. Escuchó la sordera de su madre, de su esposa y de sus alumnos, escuchó el sonido del viento que le hacía soñar con vuelos, escuchó su propia voz interior, y después habló, para que nosotros pudiéramos escuchar.