En un mundo que cada vez se antoja más exigente, en el que muchas veces debemos trabajar en exceso, y haciendo cosas que no nos agradan del todo para dejar complacidos a los demás, es mucho lo que se ha dicho sobre la fortaleza mental como mecanismo de resistencia.

Siempre hemos escuchado cosas como “la necesidad es la madre de la invención”, o quizás algún “de las situaciones difíciles es de donde más se aprenden lecciones”. Sin embargo, estando inmersos en alguna dificultad no conseguimos el camino para reponernos y salir airosos.

El cambio comienza en mirar las oportunidades que tenemos ante nosotros y hacer del momento de crisis un punto de quiebre y reflexión. Es por ello que compartimos algunos cosejos para alimentar tu fortaleza mental y convertirla en una de tus herramientas competitivas, en cualquier ámbito.

Ver las cosas objetivamente: Nada es bueno o malo en sí, es una cuestión de percepción. La valoración que le damos al hecho que enfrentamos será determinante para poder conseguir los mecanismos para enfrentarlo. Teniendo el panorama claro, podemos hacer del reto una oportunidad de crecer.
No crear falsas expectativas: Todos pensamos en conseguir la felicidad, y muy pocas veces asumimos que la vida es un camino en el que nos toparemos obstáculos. Cuando no internalizamos el hecho de que algo puede salir mal, se hace más difícil poder encararlo. No podemos controlarlo todo y algunas situaciones pudieran ser impredecibles, debemos aceptar esta sentencia.

Ser estable: La estabilidad emocional y la capacidad de actuar con cabeza fría es una ventaja cuando se trata de lidiar con situaciones difíciles.

Entender que no se puede ser feliz todo el tiempo: La excesiva preocupación por alcanzar la felicidad incrementa las actitudes renuentes hacia las experiencias que resultan negativas para nuestros estándares, por lo que es más fácil dejarse llevar por la situación. La gente con mayor fortaleza mental es aquella que entiende que hay momentos buenos y otros no tanto, y son capaces de enfrentar con la misma entereza ambos escenarios.

Ser un optimista con dosis de realismo: Hacer un hábito el levantarse después de una caída. Tener la capacidad de pensar en el mejor escenario cada vez que sea necesario: saber que las cosas pueden tornarse mejor, pero a través de un trabajo crítico que permita detectar la oportunidad de trabajar en ello. Tener un plan A, plan B y plan C.

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Vivir el presente: Enfocarse en lo que está sucediendo nos permite ver las cosas tal como son. Debemos preocuparnos solo por las cosas que podemos cambiar o en las que debemos trabajar en este momento; ir paso a paso, día a día.

Ser perseverante con los objetivos: Estar claros con lo que queremos y el camino que debemos seguir para alcanzarlo son claves para evitar caídas innecesarias. Trabajar y enfocarnos en una meta, nos dará satisfacciones cuando lleguemos al final de la ruta.

El tiempo vuela: Es un factor que incide en cualquier cosa que queremos hacer. Cuando aprendemos a manejarlo y administrarlo será más fácil hacerlo jugar a nuestro favor.

Amarse a sí mismo: Griegos y romanos, y posteriormente filósofos como Nietzsche, se refirieron al “amor fati” o “amor del destino”. No solo se trata de resistir a las cosas que suceden, es aceptarlas y asumirlas como parte de nuestro camino. “Que siempre recuerde que los obstáculos en el camino no son obstáculos, que son el camino”, dijo la escritora Jane Lotter. Frase a la que podemos agregar que son, precisamente, esos obtáculos los que lo definen como persona.

“Gracias a Dios todos nuestros errores se quemaron. Ahora podemos comenzar frescos nuevamente”, aparentemente fue lo que dijo Thomas Edison luego de que su laboratorio se incendiara en 1914. Cualquiera podría quedar atónito ante esta reacción, que surge ante un cuadro que parece ser el fin del mundo, pero el empresario e inventor estadounidense consiguió la mejor manera de enfrentarlo.

La habilidad para lidiar con situaciones complicadas es un abono para el camino hacia el éxito y la felicidad interna. La inteligencia emocional, la perseverancia, la resiliencia, el autocontrol y la atención a los detalles son claves.

En un mundo que cada vez se antoja más exigente, en el que muchas veces debemos trabajar en exceso, y haciendo cosas que no nos agradan del todo para dejar complacidos a los demás, es mucho lo que se ha dicho sobre la fortaleza mental como mecanismo de resistencia.