Muchos jefes dan por hecho que un líder tiene que ser distante y estricto con los empleados para ser eficaz. Tienen miedo de que por parecer "blandos" pueda disminuir la motivación de los trabajadores o el respeto que le tienen. Y para justificarse ponen de ejemplo a líderes brillantes que tenían mucha mano dura y poca inteligencia emocional, como Steve Jobs, que regañaba a sus empleados.

En lo que a tener éxito como líder se refiere, los estilos de liderazgo radicalmente duros son la excepción que confirma la regla. Según una investigación reciente, los jefes que son demasiado estrictos crean problemas de motivación y de salud a sus trabajadores; quizá así muchos se planteen dejar la estrategia de ser duros como una roca.

Los jefes extremadamente estrictos generan estrés, muchísimo, según la investigación: un estudio de la Universidad de Londres llegó a la conclusión de que las enfermedades del corazón y el estrés provocado por los jefes estaban íntimamente ligados; mientras que otro estudio de la Universidad de Concordia (Canadá) descubrió que los empleados que se describen como "muy estresados" suponen un aumento de un 46% en los costes médicos para el jefe.

Una investigación del Instituto de Medicina Naval ha llegado a la conclusión de que los jefes excesivamente estrictos hacen que los trabajadores busquen un puesto en otra parte, que rindan menos, que rechacen ascensos y que incluso dejen el trabajo.

Por último, una encuesta de la empresa Randstad Consulting ha demostrado que la mayoría de los empleados preferirían tener un jefe mejor antes que un aumento de US$5.000 (al año). La gente no deja un trabajo, deja a un mal jefe.

La cuestión es que los buenos jefes no solo evitan los problemas de salud o de motivación de sus empleados, sino que les proporcionan ciertas cosas beneficiosas que los jefes duros no les dan. De acuerdo con un estudio de la Universidad Estatal de California, los líderes que tratan de manera justa a sus trabajadores tienen equipos más unidos y productivos cuyos individuos rinden más.

Según una investigación de la Universidad de Virginia, los líderes que se consideran "serviciales" y "sacrificados" resultan especialmente inspiradores y motivadores y hacen que los trabajadores sean más serviciales con los demás compañeros y estén más comprometidos con su equipo.

¿Qué hay que hacer para ser un buen jefe y cómo se puede avanzar sin presionar? Estas son las características de un buen jefe:

1. Es amable sin ser débil. Una de las cosas que más le cuesta dominar a un jefe es la amabilidad. Es una especie de malabarismo y la clave para encontrar el equilibrio es reconocer que la amabilidad es fuerte por naturaleza: es directa y sincera. Decirles a los trabajadores una verdad dura pero necesaria es mucho más amable que protegerlos (a ellos o a ti mismo) de una conversación difícil.

Eso sí que es ser débil. Además, la amabilidad sincera implica no esperar nada a cambio. La amabilidad no es totalmente sincera cuando se es amable pensando en el beneficio propio; y la gente se da cuenta de que detrás de esa amabilidad hay un objetivo oculto.

2. Es firme sin ser duro. La fortaleza es una cualidad importante de un líder. Los trabajadores esperarán a ver si un jefe es fuerte antes de decidirse a seguir o no sus directrices.

Los empleados necesitan ver coraje en sus líderes. Necesitan a alguien que pueda tomar decisiones difíciles y velar por el bien del grupo. Necesitan a un líder que siga adelante cuando las cosas se pongan feas. Los empleados son más propensos a demostrar su propia fortaleza cuando su jefe hace lo mismo.

Muchos jefes confunden "fortaleza" con otros conceptos como "dominación", "control" u otros comportamientos desproporcionadamente severos.

Piensan que tener el control y presionar a los demás servirá para que todos les sigan fielmente. No se puede obligar a la gente a ser fuerte; la fortaleza es algo que se gana al demostrarla una y otra vez frente a la adversidad. Solo entonces los demás confiarán en seguir tus planteamientos.

3. Está seguro de sí mismo sin ser arrogante. Nos sentimos atraídos por los jefes que parecen sentirse seguros de sí mismos, porque la seguridad es contagiosa y nos ayuda a pensar que estos líderes tienen reservadas grandes cosas.

Para un líder, el truco consiste en que la confianza no se convierta en arrogancia o en chulería. La confianza es cuestión de pasión y de creer en tu capacidad para conseguir las cosas, pero cuando la confianza pierde el contacto con la realidad, empiezas a pensar que puedes hacer cosas de las que no eres capaz o que has hecho cosas que en realidad no has hecho. De repente, todo gira a tu alrededor. Y esta arrogancia hace que pierdas credibilidad.

Los grandes líderes con autoestima son humildes. No permiten que sus logros o su puesto de autoridad les hagan sentirse mejores que los demás.

De manera similar, no dudan en ponerse con el trabajo sucio cuando es necesario y no piden a sus empleados que hagan algo que ellos mismos no estarían dispuestos a hacer.

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4. Es positivo, pero sin dejar de ser realista. Otra de las mayores dificultades a las que se enfrentan un líder es encontrar un punto en el que sea optimista sin dejar de ser realista. Imagínate un barco de vela con tres personas a bordo: un pesimista, un optimista y un buen jefe.

Todo va bien hasta que el viento empieza a apretar. El pesimista se echa las manos a la cabeza y se queja del viento; el optimista se recuesta y dice que las cosas mejorarán, y el jefe dice: "¡Podemos con esto!" y ajusta las velas y consigue que el barco siga avanzando. La mezcla adecuada de positividad y realismo es la que hace que las cosas avancen.

5. Es un modelo a seguir, no un predicador. Los buenos jefes transmiten confianza e inspiran admiración con sus actos, no solo con sus palabras.

Muchos líderes afirman que para ellos lo más importante es la integridad, pero los buenos líderes demuestran integridad cada día. Se influye mucho más en la gente demostrando un comportamiento que dando discursos sobre el tipo de conductas que te gustaría ver en los demás.

6. Está dispuesto a sacrificarse por sus trabajadores. Un buen jefe haría lo que fuera por su equipo, y sabe que su equipo le respaldaría en cualquier situación. Un buen jefe no intenta echar las culpas al otro y lo reconoce cuando toma una mala decisión.

Tampoco tiene miedo a decir: "Me hago responsable" y se gana la confianza de los trabajadores respaldándoles cuando lo necesitan. Los grandes líderes dejan claro que reciben las dificultades, las críticas y las opiniones de los demás con los brazos abiertos y saben que un entorno en el que la gente tiene miedo de expresarse, de dar su punto de vista y de hacer preguntas está destinado al fracaso.

7. Equilibra trabajo y diversión. Hay muchos jefes que no saben cómo divertirse. Por desgracia, esto juega en contra. Y por cada jefe que se toma las cosas con demasiada diversión hay uno que no sabe cómo darle un toque divertido a nada.

Un líder tiene que ser amable y equilibrado para saber cómo motivar y dar un empujón a sus empleados para que den lo mejor de sí mismos, pero también debe tener los recursos necesarios para parar el carro en el momento adecuado y así poder celebrar los buenos resultados y pasárselo bien.

Este equilibrio evita que los trabajadores se agoten y produce resultados visibles.

8. Forja relaciones personales. Los jefes amables hacen que los trabajadores se sientan como si estuvieran manteniendo una conversación con una sola persona aun estando en una sala llena de gente, como si el jefe fuera la única persona que importara de la sala.

Y, en ese momento, así es. Los buenos jefes se comunican a un nivel muy personal y emocional; nunca se olvidan de que tienen delante a personas de carne y hueso.

9. Hace críticas constructivas. Un líder tiene que tener tacto para hacer críticas que sean precisas y objetivas, pero también consideradas y motivadoras.

Los jefes amables saben cómo tener en cuenta los sentimientos y las perspectivas de sus empleados mientras les transmiten los mensajes que necesitan escuchar para mejorar.

10. Es generoso. Los buenos líderes son generosos. No pretenden llevarse todo el mérito, felicitan a sus compañeros y se preocupan tanto por el éxito de sus trabajadores como del suyo propio.

Tratan de ser una inspiración para que todos sus empleados den lo mejor de sí mismos; y no solo porque así el equipo mejorará, sino porque se preocupan por cada trabajador por separado.

"Un buen líder es aquel que se lleva un poco más de culpa y un poco menos de mérito de lo que le corresponde". - John Maxwell

En resumen

Los buenos jefes son dinámicos y reúnen una variedad de aptitudes únicas. Empieza a incluir las conductas que se describen en tu repertorio y notarás una mejora inmediata de tu capacidad de liderazgo.