Eres un imbécil. Deberían tener un filtro para no tener que verte. Qué feo eres. Tu ombligo es horrible. Me parece que eres una persona lenta. Te ves viejo. Estas muy gordo. Qué chafa es tu trabajo.

Aunque estas palabras no fueron dirigidas a ti, el haberlas leído influye físicamente en tu cerebro y puede corroborarse con una electroencefalografía. De ahí, el efecto pasa a tu cuerpo (glándulas y luego órganos). Tu estado normal efectivamente cambia, y si estos estímulos son reiterados, tu propia vida cambia.

Esta influencia por palabras puede funcionar de varias formas. En persuasión se llama un primer, una impronta; un estímulo que modifica nuestra percepción primaria. Por ejemplo: Cuando se trata de convencer a alguien de algo, el contar una breve historia o anécdota de una persona que tiene la mente abierta a cambios, vuelve más proclive a la persona a cambiar un pensamiento rígido o cerrado y lo orienta a ser más abierto.

Las palabras de odio son primeras que inducen al decaimiento (tristeza), a la ira y al propio odio. Una joven becaria me contó que en dos semanas de trabajo los gerentes de un gran corporativo le han dicho cosas como: “No me quites el tiempo con esas tonterías”. “Por qué no te fijas en lo que haces, ya arruinaste todo”. “¿Quién ensució la alfombra con labial?”. Aun siendo una persona fuerte, el efecto en su ánimo se nota, sus pensamientos en horas de clase, su conversación: el primer se convirtió en un schema; un patrón que tiene una consecuencia que no decidiste tú mismo, sino que fue instilado por un tercero.

Consecuencias sociales del odio

Cada vez es más común saber de eventos como el sucedido hace unos días en Charlottesville (EE. UU.), donde ultranacionalistas manifestándose contra la propuesta de remoción del General Robert E. Lee (Confederado en la Guerra Civil) y contra manifestantes se enfrentaron terminando en el atropellamiento de una persona y varios heridos.

Las muestras de odio empiezan con palabras y terminan en actos. Estas aseveraciones y burlas nos parecen ingenuas, comunes y a veces hasta simpáticas en su sarcasmo, pero terminan teniendo un efecto devastador en muchos sentidos.

Ni los famosos son de piedra

Las personas públicas son las más expuestas a palabras y muestras de odio, incluyendo cualquier clase de cantante, youtubero, actor, y claro… los escritores también. Casos sobran de famosos que se hartan y cierran sus redes sociales, al menos por un tiempo en lo que toman aire nuevamente…. parece que ni ellos acaban por acostumbrarse a los haters: Kanye West, Adele, Justin Bieber, Sam Smith, Ed Sheeran, Leslie Jones entre muchos otros reciben insultos por su: apariencia física; peso; etnia; trabajo; color; dinero; acento; y realmente porque sí

Efectos del odio en el que lo recibe

Un equipo conformado por neurocientíficos y liderado por Marte Otten pidió a 46 participantes que leyeran 60 insultos y 60 cumplidos presentados en pantalla, una frase a la vez: Insultos como “Tú eres antisocial y molesto” y elogios como “Eres fuerte e independiente”. Después de escuchar los insultos, los cerebros de los participantes mostraron mayores señales de procesamiento emocional que después de escuchar los cumplidos. Los investigadores estaban buscando evidencia de algo conocido como potencial positivo tardío o LPP (Late Positive Potential), es decir, un pico positivo de la actividad cerebral que puede ocurrir 300 ms a 1 segundo después de un estímulo. Esto quiere decir que el cerebro hace un esfuerzo mayor al procesar los insultos. Considérese que esos insultos no iban dirigidos a características conocidas de los participantes y aun así fueron afectados.

Hace unas semanas escribí un artículo sobre las diferencias entre Millennials y Generación X, recibí exactamente 121 comentarios positivos y 1 mensaje negativo, este último con destellos de odio mencionado un par de las frases que escribí arriba. Lo tuve que “rumiar” un rato… ¿por qué, si solamente fue uno?

Christian Jarrett, psicólogo y escritor en BPS Research Digest, explica lo que podemos nosotros corroborar en la propia experiencia: Los comentarios negativos pesan más que los positivos. Uno solo de los “malos” vale por cientos de los buenos, y cuando los insultos son emparejados con una muchedumbre de risas burlonas en experimentos, la actividad de procesamiento emocional es más fuerte y dura más tiempo, que cuando los participantes oyen el insulto por su cuenta.

El problema real, el que todos hemos sufrido de una u otra forma, se debe al potenciador que representa las redes sociales: Un grupo de gente “viendo o escuchando” como te insultan. El odio en público sea este ficticio, virtual o real, afecta decididamente en nuestro cerebro, mucho más que el odio privado.

Por qué la gente odia

La principal razón es la que dio Sigmund Freud, se llama proyección. El que odia cree que el mal que tiene dentro está en el otro (afuera), solo que no lo tiene consciente. Para él es algo molesto el que alguien tenga esos “defectos” y no se da cuenta que son simplemente situaciones “malas” que tiene dentro y que trata de sacar para ser “bueno”.  Es un miedo a si mismo.  Cuando te digan que “eres un estúpido” o “qué fea eres”, quizás sea porque esa persona en el fondo se siente así y ni siquiera se ha dado cuenta.

Miedo al otro

Se basa principalmente en la teoría Grupo-Fuera, Grupo-Dentro y se trata ni más ni menos que sentirse amenazados por un grupo externo como los ultraconservadores mencionados de Charlottesville. Debido a un mecanismo de sobrevivencia, te unes a un grupo al que crees pertenecer. Según la psicóloga Fernanda Acosta, esta situación se explica muy bien con un experimento realizado en 1968 por Jane Elliot donde un salón de niños se separaba en los de ojos azules y los de ojos cafés. Se estimulaba con aires de superioridad a uno u otro grupo y acababan oprimiendo al grupo diferente. Existen más de 900 grupos de odio bien identificados en Estados Unidos, en ocasiones se muestran agresivos con pistolas amenazando a gente de otra etnia sin control, aunque en un principio no fuera esa la misión del grupo. El odio se contagia.

Paliar dolor

Existen terapias conocidas por descargar la furia de resentimientos hacia alguien golpeando una almohada o en un punching bag. Mucha gente que se encuentra en dolor, tiene angustias existenciales, impotencia y en vez de pegarle a un saco, les pegan a todas las situaciones que se les permita virtual o presencialmente: políticos, empresas, grupos étnicos, desconocidos al azar, marcas y cualquiera que se atraviesa es perfecto para el desahogo. Algunos justifican estos actos en la razón, en una crítica constructiva y hasta en el bienestar del pueblo. Otros son más cínicos y solo insultan porque sí, y porque en la ironía encuentran un placer mal sano, una especie de droga que los hace olvidar un rato.

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Inhibición de lógica y empatía

La evidencia muestra que, en eventos masivos de destrucción, gente perfectamente normal y pacífica puede cometer actos vandálicos impresionantes, esto se debe a lo que en persuasión se llaman “Prueba Social”: Si lo hacen muchos es que está bien. El mecanismo de prueba social puede salvar vidas cuando una civilización aprende el efecto de plantas medicinales o de algún alimento, pero en otras situaciones como en una manifestación de odio o rechazo, puede inhibir la lógica y la moralidad.

Existen estudios que demuestran que, al usar redes sociales o correos electrónicos, disminuye la capacidad empática de los emisores y se tornan más agresivos y burlones. Lo anterior debido a que no tienen enfrente a una persona; sus neuronas espejo están prácticamente apagadas como para poder sentir la angustia o tristeza que el otro siente. Al cerebro le importa un pepino los sentimientos de los demás y, curiosamente, aumenta también la sensibilidad a los insultos que se reciben debido a las “risas públicas”.

Qué hacer ante el odio de otros

1. No resistencia: Los samuráis decían que una espada pierde filo cuando no tiene nada que cortar. Resistir da fuerza al otro, le da más energía para friccionar. A veces lo mejor es ignorar elegantemente.

2. Transformación: Es potenciar ese “defecto” o crítica como una situación difícil que en realidad te hace mejor persona.

3. Resistencia: A veces no queda opción, tienes que enfrentar y tomar energía de ese odio para transformarlo en algo que te mejore; no que te suma en tristeza.

Efectos del odio en el que lo emite

¿Qué pasa con las personas que emiten comentarios negativos en internet, la oficina, escuela o en su propia casa? Las miradas de rechazo, los maltratos a niños, los comentarios racistas, las expresiones de burla, los chismes, los posts de haters, los artilugios para adquirir poder a costa de lo que sea, todo lo que tiene que ver con odio, tiene un efecto en el organismo. Así es, los que odian se dañan a si mismos más que a quienes pretenden dañar.

Las expresiones de odio e ira hacen que quienes los realicen tengan mayor riesgo de enfermedades. Los ataques prolongados de ira cobran factura en el cuerpo en forma de presión arterial alta, estrés, ansiedad, dolores de cabeza y mala circulación. Las investigaciones demuestran que incluso un episodio de cinco minutos de la ira es tan estresante que puede afectar su sistema inmune durante más de seis horas, haciéndolo menos resistente al ataque de diversos virus y bacterias. Todos estos problemas de salud pueden conducir a problemas más graves, como enfermedades virales, infartos cardíacos y accidentes cerebrovasculares.

Cómo superar la propia ira, envidia y odio

La doctora Cynthia Thaik recomienda lo siguiente:

1. Reconózcalo: es ira, envidia u odio. No se engañe a si mismo.

2. Dese cuenta de por qué usted está enojado, envidioso o siente odio. Mire con honestidad: muchas veces, proviene de miedo, inseguridad o autodefensa.

3. Guarde un momento. Camine, medite, relájese. Piense si vale la pena dañar su salud física y mental.

4. Revise en su fuero interno el tema. Es posible que no pueda cambiar una persona o situación en particular, pero puede cambiar su opinión sobre ellas.

5. Hable con gente. Platique con un amigo, familiar o terapeuta (que no aliente lo negativo), tal vez pueda aliviar sus sentimientos negativos.

6. Deje ir los patrones de pensamiento poco saludables. Si se encuentra pensando siempre lo peor sobre los demás y/o sobre si mismo, trate de pensar más positivamente.

Si puede cambiar los patrones de pensamiento negativo para empezar a apreciar lo bueno de la vida, verá que tiene menos motivos para estar enojado, una mejor salud y más felicidad.

En nuestro propio cuerpo y en la transformación de nuestra realidad, un pensamiento positivo es 200 veces más poderoso que uno negativo: Florence Scovel Shinn.