El ascenso del dólar, que ha sacudido desde el mercado petrolero hasta las ganancias de las multinacionales estadounidenses, se está quedando sin aire. Muchos inversionistas siguen apostando a la apreciación del dólar a largo plazo, pero algunos dicen que los mayores avances han quedado atrás.

La reciente caída de la moneda estadounidense refleja las preocupaciones de que la economía de Estados Unidos se enfría, que se vieron confirmadas el viernes por un informe sobre una creación de empleo más débil de lo previsto. Eso ha llevado a un creciente número de inversionistas a proyectar que la Reserva Federal postergará los aumentos de las tasas de interés hasta fines de 2015.

Hace apenas unos meses, muchos inversionistas pensaban que un alza de la tasa de interés de corto plazo por parte del banco central, la primera desde 2006, podría tener lugar en junio. Las mayores tasas en EE.UU. impulsan el atractivo del dólar.

Otro factor que ejerce presión sobre la divisa estadounidense es la mejoría del panorama de las atribuladas economías de Europa. El repunte del dólar durante los primeros tres meses del año fue alimentado por las enérgicas medidas de estímulo del Banco Central Europeo, que hicieron bajar los rendimientos de los bonos de la zona euro. El dólar subió 12,7% en relación al euro, el mayor ascenso desde que se creó la moneda común europea, en 1999.

“La parte fácil de la racha del dólar definitivamente quedó detrás”, sostiene David Woo, director de tasas y divisas globales de Bank of America Merrill Lynch en Nueva York.

Para los inversionistas estadounidenses, un freno del ascenso del dólar podría tener amplias implicaciones, tanto buenas como malas.

El pronunciado aumento de la moneda durante el último año ha sido señalado como el culpable de las débiles ganancias de las multinacionales estadounidenses, lo que ha perjudicado los precios de sus acciones. También pone a exportadores estadounidenses en desventaja, ya que sus bienes pierden competitividad en el extranjero.

Un descenso del dólar podría aminorar esos vientos en contra, así como contener una presión a la baja sobre los precios del crudo y dar algún grado de alivio al atribulado sector energético. Debido a que los precios del petróleo a nivel mundial se cotizan en dólares, un debilitamiento de la divisa estadounidense abarata el crudo para los compradores que utilizan otras monedas, lo que apuntala la demanda.

“Un dólar más débil podría ayudar en muchos frentes”, dice John Canally, estratega económico jefe de LP Financial. El informe laboral dificultará una prolongación de su racha alcista, agrega.

El viernes, el dólar registró su mayor declive en casi dos semanas tras un crecimiento más débil de lo previsto de los empleos en marzo. El Departamento de Trabajo de EE.UU. divulgó que las nóminas no agrícolas crecieron en 126.000. Economistas sondeados por The Wall Street Journal habían proyectado un incremento de 248.000.

El euro subió 0,9% el viernes a su cierre más alto durante casi un mes, a US$1,0973, mientras que el dólar cayó 0,6% frente al yen a 118,97 yenes.

El reciente descenso del dólar lo ha alejado del máximo que había alcanzado contra sus rivales. El Índice Wall Street Journal Dollar, que mide el desempeño de la moneda estadounidense contra una canasta de divisas, alcanzó su punto más alto en 12 años el 13 de marzo a 89,33 puntos, un aumento de 22% frente al año anterior.

Pero desde el 18 de marzo, cuando la Fed señaló que utilizará un enfoque mesurado respecto al aumento de tasas, el índice ha caído 2,6%.

El débil informe de empleos del viernes siguió a una ola de flojos indicadores económicos, incluyendo mediciones de la actividad manufacturera y las ventas minoristas.

A algunos inversionistas les preocupa que la economía estadounidense avance a un ritmo más lento del que muchos economistas y analistas habían anticipado. Esto podría afectar las perspectivas de ganancias de las compañías y limitar el apetito por las acciones estadounidenses y bonos corporativos vendidos por las compañías con calificaciones bajas, conocidas como deuda chatarra. En cambio, los inversionistas buscarían refugio en la ultra segura deuda del gobierno estadounidense.

Las inciertas perspectivas de crecimiento han obligado a los inversionistas a reducir sus expectativas sobre cuándo comenzará la Fed a subir las tasas de interés. El banco central ha mantenido su tasa de referencia de fondos federales en cerca de cero desde diciembre de 2008 para ayudar a la economía a recuperar impulso después de la crisis financiera.

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Luego de conocerse el informe de empleos, la probabilidad de un incremento de tasas en septiembre cayó de 33% a 28% según el mercado de futuros de fondos de la Fed, en donde los inversionistas predicen los cambios en estas tasas de interés a corto plazo. Los inversionistas redujeron las probabilidades de un alza de tasas en diciembre a 57% el viernes frente a 65% antes del informe de empleos.

Ugo Lancioni, quien gestiona US$18.000 millones en activos de divisas en Neuberger Berman, dice que ha “sacado mucho” de sus posiciones al alza del dólar en las últimas semanas, en medio de las declaraciones más mesuradas de la Fed y cifras económicas más débiles en EE.UU.

“No significa que el auge del dólar se vaya a detener”, dice Lancioni. Pero “el dólar es una opción menos atractiva que antes”.

Algunos inversionistas indicaron que incluso sin el período débil en los datos económicos de EE.UU. —que se le atribuye en parte al severo clima de invierno— ya era hora que el dólar hiciera una pausa.

La racha alcista del dólar “es el tipo de suceso que uno sólo anticipa que ocurra una vez cada 20 años”, apuntó Mark Dowding, codirector de deuda de grado de inversión en BlueBay Asset Management, que gestiona unos US$62.800 millones.

Dowding, que había sido optimista con el dólar desde mediados del año pasado, ha reducido sus apuestas en semanas recientes de que el dólar aumentará frente al euro. No obstante, sigue anticipando que el euro desciende a la paridad con el dólar para fin de año.

“Aunque seguimos anticipando que el dólar se fortalezca, ese avance debería ser mucho más gradual”, señaló Dowding.

El alza del dólar también se está viendo socavada por señales nacientes de mejoras económicas en la zona euro.

La actividad manufacturera en la región durante marzo creció a su ritmo más veloz en 10 meses, según una encuesta de gerentes de compras la semana pasada. El Banco Central Europeo revisó al alza sus pronósticos de crecimiento en marzo, indicando que prevé que la región se expanda 1,5% este año, comparado con una previsión anterior de 1%.

Si el BCE logra enderezar el rumbo de la zona euro, “el euro podría tocar fondo pronto”, anotó John Fath, director de tasas globales de interés en la firma internacional de gestión de activos BTG Pactual en Nueva York, que gestiona US$7.000 millones.

Aun así, muchos inversionistas dicen que las tendencias de largo plazo favorecen un fortalecimiento de la moneda estadounidense.

Por ejemplo, los rendimientos de los bonos soberanos en Europa se encuentran a niveles extremadamente bajos, lo que lleva a los inversionistas a comprar dólares conforme se trasladan a bonos soberanos estadounidenses de mayores rendimientos. Los bonos alemanes a 10 años, por ejemplo, están rindiendo 0,19%, mientras que la nota del Tesoro de EE.UU. a 10 años está rindiendo 1,84%.

Los inversionistas, igualmente, anticipan que la Fed aumente las tasas antes de que el BCE lo haga.

A: P