Tarde o temprano, todos nos vemos atraídos por la idea de mantener una alimentación saludable. Ya sea por recomendación médica o por un cambio personal de actitud frente a la comida, nos informamos y pedimos consejo sobre qué debemos o no comer para estar sanos y en plena forma.

Recientemente expertos en dietética y nutrición han coincidido en clasificar de peligrosos algunos alimentos y recomiendan que los eliminemos de nuestra dieta cuanto antes. “Esto no quiere decir que vayas a enfermar, tener cáncer o morir si los comes alguna vez”, explica Nneka Leiba, subdirectora de investigación en el Grupo de Trabajo Ambiental (EWG) y especialista en catalogar alimentos específicos en los que se hallan cantidades elevadas de toxinas. Simplemente se recomienda evitarlos en la medida de lo posible y sustituirlos por otras opciones.

Una de las razones que han llevado a los especialistas a seleccionar estos seis alimentos es su alto contenido de aditivos, principalmente presentes en los alimentos procesados: “No sabemos cuáles podrían ser las consecuencias a largo plazo del consumo de alimentos científicamente alterados”, comenta Rachel Harvest, dietista especializada en bienestar y afiliada del Tournesol Wellness de Nueva York.

Elizabeth Narins recoge en Yahoo Health esta nueva lista elaborada por dietistas con los seis alimentos que sería recomendable no volver a tener en tu nevera.

1. Alimentos ‘sin azúcar’

Los dulces que se anuncian específicamente como alimentos ‘sin azúcar’, en realidad suelen contener altas cantidades de edulcorantes artificiales, presentes en productos dietéticos como yogures, postres o helados ‘light’.  

El problema es que el sistema digestivo no procesa bien estos sustitutos del azúcar y otros alcoholes de azúcar”, explica la doctora Harvest quien advierte que “si se consumen en exceso (partiendo de la base de que las cantidades son diferente según la persona) podrían provocar dolores estomacales graves”.

2. Regular el consumo de refrescos

Todo el mundo sabe que los refrescos no son precisamente el mejor aliado para mantener una alimentación saludable. Cada lata contiene un promedio de 10 cucharaditas de azúcar, por lo que si se consumen cantidades elevadas, nuestro organismo responderá generando un exceso de insulina para poder ayudar al cuerpo a absorber todo ese azúcar en sangre y utilizarlo para producir energía. Con el tiempo, esta respuesta antinatural del organismo se traduce en un aumento de posibilidades de padecer diabetes e incluso sufrir algunos tipos de cáncer.

Como comentábamos antes, si optamos por refrescos ‘sin azúcar’ nos encontraremos con el problema de los edulcorantes artificiales. Estos además hacen que esta gama de bebidas tenga un sabor más intenso que las que directamente contienen azúcar: “Con el tiempo, los edulcorantes extradulces pueden acabar con nuestra capacidad para asimilar alimentos naturalmente dulces como las frutas”, comenta Melissa Rifkin, dietista afiliada en el Montefiore Medical Center de Nueva York y coach especializada en nutrición.

3. Queso en lonchas  

Narins especifica que se trata de “queso americano”, el de las típicas lonchas para sándwich que vienen en paquetes individuales. “La verdad es que el queso americano no es queso en absoluto”, sentencia la dietista neoyorquina y autora de Living a Real Life With Real Food (Skyhorse Publishing) Beth Warren: “Dependiendo de la marca”, puntualiza la experta, “muchas veces es sólo un producto creado en fábrica similar al original pero que no es más que una mezcla de grasas de la leche, sólidos, un poco de proteína de suero de leche, emulsionantes y colorantes de los alimentos”.  

“Además, en muchos casos, tienen un alto contenido de sodio y tal cantidad de grasa que una porción normal se asemeja más a una porción de carne alta en grasas que a cualquier producto considerado lácteo”, añade Warren.

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4. Alimentos envasados ​​con más de dos ingredientes no identificables

Si en el etiquetado observamos que contienen butilhidroxianisol o butilhidroxitolueno (BHA o BHT por sus siglas en inglés) es mejor evitar su consumo. Los Institutos Nacionales de Salud consideran que el BHA y el BHT –E-320 y E-321, respectivamente– son carcinógenos humanos.

Estos ingredientes son antioxidantes que se utilizan como conservantes para alimentos como las patatas fritas, las conservas o los cereales, entre otros. Leiba subraya algunas de las consecuencias perjudiciales de su consumo en cantidades elevadas como el aumento en el tamaño de los ovarios y su capacidad para producir ciertas hormonas en el caso del BHA. “El BHT tampoco es ningún ángel”, continua la doctora: “Los estudios en animales relacionan la ingesta de este ingrediente con afecciones en las habilidades motoras y con tumores de pulmón e hígado”.

Aunque estos ingredientes no afectan igual a los animales que a las personas, es mejor limitar el consumo de estos productos químicos en la medida de lo posible y evitar convertirte en el ‘conejillo de indias’ de parte la industria alimentaria.  

5. Palomitas de microondas

Aunque la Rifkin parte de la base de que “los alimentos que están dentro de una bolsa no son saludables”, su crítica se centra en un alimento en particular: las palomitas de maíz preparadas: “Las bolsas de palomitas para microondas están a menudo forradas con una sustancia química llamada ácido sulfónico de perfluorooctano (PFOS) que se ha demostrado afecta a la fertilidad, al funcionamiento renal e incrementa el riesgo de cáncer tanto en animales como, según algunos estudios, en humanos”.

Rifkin también subraya que “algunas marcas agregan grasas trans no saludables a sus productos y solo advierten en sus etiquetas que contienen ‘sabores artificiales’ o ‘sabores naturales’, así que no hay manera de saber exactamente qué hay en cada paquete”.  

6. Alimentos con Propilparabeno

Este ingrediente es el segundo conservante más usado en cosmética pero también se utiliza en la industria alimentaria, especialmente como aditivo de tipo conservante en algunos tipos de pasteles, bollos, refrescos, aderezos para ensaladas o zumos envasados.   

Se trata de un producto químico que actúa como el estrógeno por lo que, según varias investigaciones, puede afectar a la fertilidad o acelerar el crecimiento de las células relacionadas con el cáncer de mama. Por eso es importante comprobar en la etiqueta del producto, si contiene el químico aparecerá bajo el código E-216.

“Desafortunadamente, no se han realizado estudios sobre las consecuencias a su consumo a largo plazo”, comenta Leiba, por lo que es recomendable eliminarlos de nuestra alimentación antes de sufrir consecuencias desconocidas.

A: P