Pese a las frustraciones que podemos sufrir a diario, en el fondo podemos abonar el terreno para que podamos ser felices”, asegura Alejandro De Barbieri, autor del libro ‘Educar sin culpa’.

En la famosa caricatura de Quino, Mafalda, la niña va al cerrajero y le dice: “Vengo a que me haga la llave de la felicidad”, y el cerrajero le responde: “Con mucho gusto, a ver el modelo”. Ella se va pensando “astuto el viejito”.

Y es que en realidad cada persona va en búsqueda de su propia felicidad y es responsable de todo lo que haga —y lo que no haga— para obtenerla.

Basado en los aportes de la psicología positiva y la logoterapia que es una psicoterapia que propone que la voluntad de sentido es la motivación primaria del ser humano, este psicólogo clínico hace una lista del camino sobre el que hay que avanzar y en el que se nutre la felicidad cada día.

Él asegura que la felicidad “no es un objetivo a lograr sino un camino para descubrir y valorar”.

Según él, “hoy en día con tantas expectativas y opciones, nunca recibimos una sorpresa placentera, porque nuestras expectativas son demasiado altas”.

Dice Barbieri que “seguramente el aumento de la depresión tenga que ver con este incremento de las expectativas”.

¿Y cómo reducimos pues nuestra frustración y aumentamos nuestro nivel de felicidad? Dice el psicólogo americano Barry Schwartz que la clave es “tener bajas expectativas”, que “ser feliz es desear menos”, y que solamente así se pueden evitar las grandes decepciones.

Aquí, le mostramos las llaves de la felicidad.

1. Ser flexible: Menos rígido

Las personas flexibles aceptan mejor las situaciones difíciles, las rígidas sufren, incluso se enferman, como una señal del cuerpo y del alma. Estudios afirman que la mujer soporta mejor el dolor que el hombre, entre otras razones, porque habla más de lo que le pasa, comenta con su pareja, su madre, su psicóloga y sus amigas.

Los hombres, por el contrario, tienden a hablar menos, se tragan el dolor, eso los hace vulnerables. Y mientras la flexibilidad ayuda a crecer, la rigidez tranca y hace que las personas vean el mundo según los opuestos: “bien o mal”, “nunca o siempre”.

Ser menos rígidos ayuda a aceptar lo que se debe cambiar, para adaptarse a la sociedad de hoy sin abandonar valores y principios. Ser flexible es amar mis imperfecciones y tener capacidad para incorporarme.

El rígido parece seguro, pero en el fondo puede ser soberbia para aceptar el cambio, puede ser una defensa que le impide decir “tienes razón”.

2. Ser confiado: No miedoso

La confianza es la herramienta ideal para vencer el miedo. Si una persona deja que le gane el miedo, le gana la desconfianza. Y si gana la desconfianza, gana la parálisis, tanto a nivel afectivo como en acciones concretas, en las relaciones sentimentales, a nivel laboral, en la vida familiar, entre otras.

Quien siente temor de todo y solo espera las peores tragedias, muchas veces se niega a darse la oportunidad de amar y ser amado, porque no confía en que pueda hacer feliz a una persona o corresponderle, ni confía en que alguien le puede amar y se priva de la maravilla de creer.

Hay que educar a nuestros hijos con prudencia y buen juicio pero sin un miedo paralizante que les impida tomar las riendas de las situaciones, y para ello es necesario confiar.

Le ocurre al hijo cuando debe irse de casa, les pasa a muchos padres también. Crecer es separarse, si gana el miedo, gana la desconfianza.

3. Esperanza: No sinsentido

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El sentido es lo que nos motiva cada día, para levantarnos y realizar nuestras tareas cotidianas.

Muchas veces el sentido no se ve, no se percibe ni se capta, pero la esperanza en el fondo nos mantiene con ánimo. Nos desanima no saber hacia dónde vamos o si vamos solos.

El sentido de educar es guiar. El sentido se contagia cuando estamos unidos tratando de dar lo mejor de nosotros. Si la desesperanza nos atrapa, caemos en la apatía, el desinterés, la rutina y la tristeza. Hay que tener esperanza en el futuro.

4. Ser optimista: No pesimista

“Nadie sigue a un triste”, afirma Juan García en su libro ‘Somos lo que hacemos’. Este autor aplica esta máxima a la dinámica laboral, pero también es extrapolable a otros ámbitos vitales.

Es importante seguir siendo optimistas. En psicología positiva se hace un ejercicio sencillo que consiste en focalizar antes de dormirse, en tres cosas positivas que la persona vivió ese día.

Realizar este ejercicio obliga a la persona a verbalizar y, por lo tanto, focaliza en lo postivo y en lo importante que vivió, a pesar de que le haya ido mal.

5. Aprendizaje: No narcisismo

Siempre se está a tiempo para aprender y para cambiar actitudes o formas de afrontar la vida que no nos favorecen.

Lo que ocurre es que ahora nadie quiere consultar para cambiar, sino que consulta para renunciar al rol o para quedarse así como está. Narciso se queda obnubilado frente a la imagen del espejo y no sale de sí mismo.

Aprender implica estar siempre dispuesto al cambio y dejar esa actitud narcisista que no conlleva a nada.

6. Disfrute: No sea apático

Podemos disfrutar de la vida, así seamos adultos, es sano destacar cada día lo que vivimos de positivo y disfrutar de nuestros sentidos, del aire, de la naturaleza, de los vínculos, del trabajo y de la tarea cotidiana.

Esto es importante para la educación de los hijos en la felicidad, no hay motivador mejor para un hijo que estar con un adulto que le contagie las ganas de vivir.

Algunas personas publican fotos de amaneceres en redes sociales, para celebrar la vida. Pruebe contar esos “milagros diarios” para que salga de la apatía.

7. Comprometido: No aislado

Me comprometo cuando digo que sí, cuando digo “te quiero” y también cuando digo “no”, cuando pongo límites a tiempo.

El compromiso involucra a la persona con sus hijos, con su pareja, con los amigos de los hijos, con los docentes y con la comunidad.

Lo opuesto al compromiso es el aislamiento. Quien se apisla, se lava las manos y no se compromete, no promete con el otro poder educar. El aislarse nos lleva a no escuchar al otro (pareja, hijo, docente) y, entonces, nos anulamos, nos encerramos para no escuchar.