Seguro que conoces a alguna persona que se muerde las uñas en tu entorno cercano. Quizás incluso seas tú esa persona. Y es que el hábito de mordernos las uñas es muy común: se calcula que hasta un 30% de la población tiene esta hábito que además es mucho más numeroso entre niños y adolescentes.

¿Nos mordemos las uñas por nervios? ¿Por ansiedad? ¿Por puro placer? ¿Y cómo podemos dejar de hacerlo si queremos terminar con este hábito? Hoy te contamos las razones por las que nos mordemos las uñas y te damos algunas soluciones al respecto.

¿Por qué nos mordemos las uñas?

El hábito de mordernos las uñas es también llamado onicofagia: del griego ονυξ, que significa 'uña', y φαγειν, que significa 'comer'. Como decíamos, es un hábito que se da mucho más a menudo entre los niños y los adolescentes y que tiende a desaparecer cuando nos hacemos adultos, aunque no en todos los casos. No tiene una prevalencia especial en cuanto al género de la persona que lo sufre o en cuanto a problemas de conducta.

Los profesionales de la medicina no se ponen de acuerdo a la hora de decidir si la onicofagia es un trastorno patológico, como pueden serlo otras condiciones similares como la tricotilomanía (el trastorno que consiste en arrancarse mechones de pelo) o la dermatofagia (el trastorno psicológico que consiste en arrancarte pequeños trozos de piel, muy asociado con la onicofagia).

Si bien la onicofagia ha sido incluida desde 2012 en la lista de trastornos obsesivos-compulsivos (lo que comúnmente conocemos como TOC) por la Asociación Americana de Psiquiatría, algunos de los investigadores piensan que puede tratarse de un hábito aprendido y que su origen puede variar en función de la persona que lo sufre.

Otros investigadores afirman que el hecho de mordernos las uñas puede estar asociado a problemas conductuales asociados a situaciones de estrés o ansiedad (aquí la onicofagia no sería un problema en sí, sino un síntoma de otro problema) o incluso un signo de personas demasiado perfeccionistas como ya apuntaron en 2015 en el Journal of Behavior Therapy and Experimental Psychiatry.

¿Tengo que dejar de morderme las uñas?

La onicofagia puede ser un hábito antiestético, antihigiénico y, en muchos casos, vergonzante para aquel que lo sufre, pero no tiene por qué ser un hábito peligroso siempre y cuando no se asocie con otro tipo de trastornos más graves como pueden ser los trastornos de déficit de atención o trastornos de la conducta.

El peligro de la onicofagia es precisamente que nos lleve a sufrir otro tipo de consecuencias para nuestro organismo, como por ejemplo problemas dentales (dientes torcidos, astillados o incluso problemas de gingivitis o inflamación de las encías), infecciones causadas por bacterias alrededor de la piel de los dedos (es la causa más común de la paroniquia, según este estudio) o incluso afecciones estomacales.

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¿Cómo puedo dejar de morderme las uñas?

Lo primero que deberíamos hacer si lo que buscamos es dejar de mordernos las uñas, es identificar el origen de este hábito. Es posible que en nuestro caso la onicofagia sí esté ligada a situaciones de estrés o ansiedad, por lo que el hecho de mordernos las uñas sería una consecuencia de estos episodios (como sucede en el caso del bruxismo). Identificar estas situaciones e intentar llegar a la raíz del problema (eso que nos causa estrés, que puede ser nuestro trabajo, situaciones familiares o sociales) sería la forma adecuada de proceder en este caso.

En el caso de los niños se ha demostrado que el castigo (es habitual ver a padres dando un ligero manotazo a sus hijos para evitar que se lleven los dedos a la boca) no tiene buenos resultados a la hora de evitar que estos dejen de morderse las uñas. Un tratamiento de inversión de los hábitos con ayuda de un psicólogo sí se ha demostrado más efectivo.

Otros métodos que pueden ofrecer buenos resultados en ocasiones son el de pintarnos las uñas con un esmalte transparente especial que tiene un sabor desagradable cuando lo mordemos (aunque, en los casos que conozco personalmente, han terminado por acostumbrarse al sabor y han terminado por morderse las uñas igual) o, en el caso de las mujeres, optar por colocar unas uñas de porcelana o de gel que son "más difíciles de morder" y debajo de las cuales crecen nuestras uñas naturales.

 

 

 

 

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